Opinión

Es bueno lavar la cara de la ciudad

Por: Procopio | 03 de Enero 2019

No es posible resolver todos los problemas que puede tener una ciudad grande como la nuestra, en el combate a la delincuencia, los planes cuadrantes, las alarmas instaladas por particulares, si no se corrige la causa.

Si es posible mejorar el tratamiento de cierto síntomas, que en sí mismos pueden incitar a aumentar las acciones delictuales, no importa que sean de menor escala relativa. Signos visibles de que existe un cierto grado de permisividad o, lo que es lo mismo, de impunidad, es el rayado de muros, residencias, monumentos, señalética, lo que se ponga por delante, queriendo abrigar bajo el mismo y tolerante paraguas del arte urbano alternativo, cualquier mamarracho o grosería puesta en la pared.

Los destrozos de mobiliario urbano, los asientos en los paseos públicos, los paraderos, los refugios de peatones es la otra marca indeseable de la ciudad.

No es, por lo general, posible hacer tanto daño en un par de minutos, hay aparentemente todo el tiempo necesario para rematar esas fechorías a entera satisfacción de su creador, como si la ciudad estuviera desierta, como si no hubiera fuerza pública.

Los responsables pueden y deben ser identificados y puestos a reparar el daño causado. El controversial criterio de tolerancia cero resulta menos polémico cuando se alcanza niveles escandalosos de invulnerabilidad de quienes se aprovechan de la debilidad de las instituciones que no se atreven a hacer valer tanto los derechos como los deberes de todos para con todos, un requisito indispensable de la vida en sociedad. Los vecinos podemos ayudar, el alcalde no puede hacer toda la pega.

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