Opinión

Con propósitos de maquillaje

Por: Procopio | 08 de Diciembre 2018

El río Amazonas es un poderoso generador de leyendas y aventuras, desde los cazadores de orquídeas a sufridos buscadores de tribus perdidas, con la secreta esperanza de contribuir a la antropología y, si no fuera mucha la molestia, a su propio bienestar, con la posibilidad siempre abierta de sacos de esmeraldas o bolsitas con oro.

Sin embargo, hubo que conformarse con tribus cuya mayor riqueza era la ornamentación corporal, muchas tribus de pequeño tamaño y, por lo mismo, con grandes necesidades de identificación, los conocedores sabían de quienes se trataba, por los tatuajes, dientes esculpidos, pinturas de guerra, orejas con aditamentos varios -lo que hablaba muy bien del departamento de estética y cirugía plástica de la tribu en cuestión- y el prolijo respeto a la reglamentación vigente.

No es solamente esa población peri fluvial la interesada en cambiar el aspecto. Mesoamérica aparece como un lugar particularmente rico en recursos de esa naturaleza, con el propósito de cambiar el aspecto corporal, desfigurándolo, o más bien, con más respeto, rediseñándolo, cambios que importan, a veces, mutilaciones nada de despreciables. Los motivos son muchos, algunos o varios de los posibles, marca de raza, agrupación, cultura, religión, creencia, o sencillamente para verse más lindos, o por motivos funcionales, por ejemplo, tener dientes muy afilados si uno se va a dedicar a la antropofagia.

Como los buenos modelos se copian, las técnicas de mejoramiento de nuestra dotación original están en plena moda, ser feo o dejada de la mano de Dios es lo peor que hay, en consecuencia, expertos en hacer de sueños realidades, no solo dar belleza, sino que, lamentablemente, hacer que gente pésima se vea de lo más decente. Caras vemos, corazones no sabemos.

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