Opinión

Serrat en Concepción

Por: Diario Concepción | 07 de Diciembre 2018
Fotografía: Copesa

Los científicos evolutivos en ocasiones nos iluminan sobre aquellos rasgos atávicos que persisten en nosotros y que ya no nos prestan ninguna utilidad como si lo hicieron a nuestros ancestros primitivos como, por ejemplo, la piloerección que a algunos animales, incluyendo a nuestros primos primates, les sirve, entre otras funciones, para aumentar su volumen corporal y espantar a sus enemigos en momentos de peligro. Pero el lunes en la noche, los que asistimos al Teatro Concepción le encontramos una gran aplicación a esta característica vestigial: ponernos la piel de gallina de pura emoción en el momento de la aparición del motivo que nos convocó esa gloriosa noche.

Ya un par de horas antes de la apertura de la puerta grupos de personas se saludaban y abrazaban con alegría comentando entusiastamente el encuentro con este amigo que nos visitaba nuevamente después de tantos años. Porque ese fue el tenor de ese concierto: una reunión de viejos y queridos amigos dándole la bienvenida a uno de los nuestros que regresaba a la ciudad. A los primeros acordes de Mediterráneo y la aparición de Joan Manuel Serrat la explosión espontánea de bienvenida de todo el teatro a tope seguramente se escuchó en la Plaza Independencia.

En las siguiente dos horas y más que duró el recital, Serrat transformó el escenario en un salón de su casa retomando la conversación interrumpida unos cuantos años atrás. El motivo de este encuentro fueron los 47 años (no 45 ni 50 porque, nos dijo, que las celebraciones se hacen en cualquier momento y no cuando los números redondo manden) del disco Mediterráneo que nunca había presentado completo. El álbum, grabado en sólo cinco días en Milán, es el resultado de ese raro momento en que el artista se encuentra en estado de gracia creativa y produce una obra maestra que toma por asalto el cielo y supera los obstáculos que le ponen las modas para llevarla a la posteridad y descomponernos de admiración. Pero el recital fue mucho más que ese álbum, pues una vez acabado las diez canciones, esto recién comienza, continúo con una introducción rockera de los conocidos primeros acordes de Cantares y un gran puñado de canciones tan grandes como las anteriores. Y porque no si tenía como aliado a un magnifico sexteto de músicos y a los más grandes letristas en español de la historia: Antonio Machado, Miguel Hernández, León Felipe, Rafael Alberti y una estremecedora versión de Amo el Amor de los Marineros de Neruda.

Sentado relajadamente en un taburete que, nos secreteo, se había robado honradamente de un local del Barrio Gótico de la Barcelona de los negros 60`s franquistas, donde se juntaba la bohemia de la época a tomar en cantidades navegables y donde conoció a Alberto Puig, un mecenas que es el Tío Alberto de la canción, Serrat nos contó esta y otras historias de su vida y amores saltando de un tema a otro como la charla informal que se produce entre los amigos una noche cualquiera. Habló de Poble Sec su barrio, de la mili y un oficial “filólogo”. Siempre al día criticaba a esa insensible Europa que impide la entrada y deja morir a miles de refugiados del hambre y las guerras, pero también comentó sobre el tránsito intestinal y que los geógrafos están equivocados porque no es verdad que el océano Atlántico alimenta el Mediterráneo cuando es este el que les da el agua no sólo al Atlántico, sino a todos los océanos y mares del mundo. Para introducir la hermosa Penélope nos habló de Aquiles y las Itacas porque se debe conversar sobre temas culturales, dijo, y no sólo de “tetas y culos” y la boca le quedo donde mismo. Su rechazo a la violencia de género es la materia siguiente para comenzar a entonar Menos tu Vientre. Y así se nos pasó esa jornada: entre canción y canción y entre charla y charla.

La primera vez que Serrat vino en 1969 Chile era un país encerrado en si mismo, sin ver más allá del monte Aconcagua con pocas visitas artísticas internacionales. Se presentó en el Teatro Municipal, lugar de música clásica y opera, donde por primera vez actuaba un artista popular (un video remasterizado en YouTube muestra a la audiencia con trajes de gala) terminó su presentación con la canción Fiesta. Este lunes -donde nos demostró que el futuro de la juventud no es la vejez pasiva- hizo lo mismo en el Teatro Concepción pero a diferencias de nobles y villanos nosotros los que estuvimos ahí aun no bajamos de la cuesta.

Ronald Castillo Rivera

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