Opinión

Las cosas que cambian de dueño

Por: Procopio | 02 de Diciembre 2018

Es posible que cada chileno, auténticamente integrado al modo país,  tenga en su esquema subconsciente que hay mucho robo por estos lados, el que pestañea pierde, es un lema tan conocido como la declaración que ondula en la base del escudo de la Patria.

Hay robo hormiga, en tiendas y supermercados, sustracción de bienes públicos, como se declara púdicamente, o saqueo, como hace años, a la salida del puente, en la orilla del río Bío-Bio cercana a Concepción, cuando un camión de bebidas envasadas tuvo un percance técnico, incapacitado para salir de allí, el conductor y sus ayudantes fueron rápidamente sobrepasados por una multitud variopinta de hombres y mujeres,  más un gran número de niños, que se llevaron la mercadería, con perfecto aplomo, con la prisa debida, no al temor de estar robando y ser sorprendidos, sino por la competencia de robar más y más rápido que los demás.

Un  incidente que trae a la memoria el saqueo post terremoto, la intranquilizadora sensación que los que roban y destruyen, los que no vacilan en apropiarse de lo ajeno como si fuera un derecho, están todavía por aquí, sin necesidad de trastorno mayor, sin necesidad de la aludida acción de la masa. Siguen entre nosotros, más cerca de lo conveniente, aquellos que al pasar podrían parecer gente honrada.

Lo más inquietante es la sensación que los potencialmente saqueadores, o los rutinariamente deshonestos, no se encuentran ubicados en sectores sociales de determinado perfil, sino que cruzan, silenciosamente todo el espectro social, da la impresión que solo falta salirlos a buscar.

La reflexión sobre en qué momento y donde debería realizarse un esfuerzo mayor para recuperar el sentido de la probidad y el recto proceder está más que atrasada. Se ofrece la palabra, se aceptan propuestas razonables.

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