Opinión

Desarrollo para Chile en el siglo XXI

Por: Diario Concepción | 11 de Noviembre 2018
Fotografía: Twitter | Javier Alvarez Pérez

Javier Álvarez
Presidente de Pares&alvarez

Mucho se critica que tenemos una economía extractivista que crea poco valor agregado (cobre, peces, litio, forestal, etc.); en las regiones se agrega que no se tributa localmente, ni se generan encadenamientos productivos virtuosos que dejen riqueza regional y potencien capacidades productivas más allá de actividades básicas.

Para quienes confiamos en la fuerza creadora del mercado y la capacidad del sector privado de generar riqueza y oportunidades, estos planteamientos no nos dejan indiferentes y la crítica nos anima a hacernos cargos del fondo del problema y a dar argumentos e ideas para superar esas falencias con nuevos paradigmas dentro del mercado con una visión de desarrollo estratégico de largo plazo.

Lo primero que afirmamos, es que es una bendición y no un problema que Chile tenga ventajas para producir y exportar materias primas, por tanto, se equivocan quienes reniegan de esta forma de desarrollo, pues son miles de trabajadores en el país y en la Región los que laboran en ellos, además, estos sectores generan la mayor cantidad de investigación aplicada. Entonces, sería un desacierto limitar estas actividades económicas, por el contrario, debemos estar orgullosos de ellas, pues han permitido el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Debemos promover su desarrollo sustentable y eficiente para ser “players” de clase mundial. Es la base de una pirámide con la que podemos construir base tecnológica en estos mismos sectores.

Por otro lado, se requiere que la riqueza que generan los sectores extractivos en las regiones, deben contribuir al crecimiento de esas mismas regiones y hacerse cargo de esa realidad no es una acción caritativa, sino una inversión inteligente que le da mayor viabilidad al emprendimiento en el futuro.

Propongo dos vías para abordar este desafío: primero, contar con una adecuada ley de rentas regionales, para que parte del impuesto a la renta, se cancele a nivel local. Esto facilita la inversión, pues deja localmente recursos para mitigaciones y beneficios en proyectos de base social. La segunda, es sobre la base del “buen vecino” y “valor compartido”, llamo a los inversionistas de las grandes empresas para que junto con realizar la acción productiva, y visualizando una estrategia de desarrollo país de largo plazo, opten por promover negocios con empresas chilenas y regionales encadenando negocios de mayor sofisticación tecnológica y de conocimiento que sean fuentes de innovación y eficiencia; esto posicionará a Chile como exportador de servicios de base tecnológica y generará empleo de alta calidad como sucede en países que admiramos y de los que somos importadores netos de tecnología y conocimiento.

En síntesis, la tremenda fuerza creadora del mercado, una adecuada legislación tributaria que desarrolle los polos regionales, y una mirada estratégica de largo plazo en las grandes compañías permitirán un encadenamiento productivo de mayor valor para el desarrollo de un nuevo Chile del siglo XXI.

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