Opinión

La fe puede ser un analgésico

Por: Procopio | 05 de Septiembre 2018

Cuentan los historiadores que en los últimos años del mandato del emperador romano Filipo el Árabe, durante las festividades para conmemorar el milenio de la fundación de Roma, tradicionalmente en 753 a.C., ubicando la fecha del milenario de la fundación cerca del 248 d. C., la euforia un tanto alcohólica de la muchedumbre alejandrina se convirtió en ira y las emprendieron contra los cristianos, siempre a mano para estas celebraciones, mientras la autoridad miraba para otro lado, como a veces pasa.

Primero, fueron intercambios de insultos rutinarios y de pésimo tono, hasta llegar al momento de las persecuciones y las matanzas, empezando por los miembros de la jerarquía religiosa, capturados, torturados y asesinados. Entre ellos estaba Apolonia, un abadesa, quien fue conminada a renegar de su fe y expresar verbalmente palabras ofensivas contra su religión, al negarse le arrancaron todos los dientes, pidió que la soltaran frente a la hoguera que había preparado para amenazarla. Muy por el contrario de rendirse o huir, las dos posibilidades que contemplaron sus captores, la santa se arrojó a las llamas, como muestra de su creencia inconmovible.

Al final quedaron sólo las cenizas y los dientes, los que fueros rápidamente escamoteados y ocultos por sus seguidores, estas reliquias está repartidas por allí y parecen tener aplicación frente a afecciones dentales o dolor. En el año 1215 fue canonizada por el Papa Juan XXI. Durante bastante tiempo fue una santa utilísima contra el dolor de muelas que desaparecía al invocarla, como llegaron los descreídos se discontinuó esa fórmula analgésica.

Los dentistas permanecieron fieles y la tienen como la santa de su profesión, menos mal que todavía queda gente buena.

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