Opinión

La carta de navegación onírica

Por: Procopio | 04 de Septiembre 2018

En la tribu norteamericana de los Oglaba Dakota, más conocidos como los Siux, existía una tradición aplicable a los adolescentes para saber cuál sería su destino en la vida, con ese propósito, a la edad de la pubertad se les enviaba al bosque, por no decir la espesura, que sería mucho más ajustado a lo que era, sin armas y sin otra vestimenta que un taparrabos y un lindo par de mocasines, en busca de un sueño.

Al pasar de los días, con hambre, con frío, con sueño, cansados, se esperaba que al dormir soñaran con algo. Al volver de su viaje les contaban el sueño a los ancianos y estos lo interpretaban de acuerdo a prácticas legendarias. El sueño podría dar a entender que el joven sería cazador famoso, guerrero temible, experto en captura de caballos salvajes, sacerdote o curandero

En cualquier caso, la diversidad de roles era bastante limitado para los hombres, ni qué decir de las mujeres, que ni siquiera tenían la posibilidad de salir a soñar cosas por ahí, con las funciones estimadas como adecuadas perfectamente claras desde el principio. En el caso de los hombrecitos, entonces, listo el diagnóstico, cada uno sabía lo que tenía que hacer y, en la medida de lo posible, hacerle justicia a la profecía.

Como todo, las cosas no han cambiado demasiado, si bien es cierto las opciones son mucho más numerosas,  las posibilidades de tener éxito en algunas de ellas, algo  menores. Tenemos problemas similares, muchos sueños que no se cumplen porque desde la partida, estaban alejados de la realidad, pero, la más de las veces, porque no hicimos todo lo debió hacerse para cumplirlos, no nos empleamos a fondo y buscamos una salida más expedita, que pudo haber sido buena pero no suficiente, a veces todavía hay tiempo para enmendar la plana.

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