Opinión

El trueque de gatos por liebres

Por: Procopio | 12 de Agosto 2018

La práctica comercial de intercambio de espejos y cuentas de colores, por collares de oro, se establece entre españoles e indios en el novísimo Nuevo Mundo. Ha sido rotulada como leyenda negra, un economista comenta que no hubo abuso, ni intención de engañar, y que cada uno de los negociadores obtuvo lo que consideró más valioso; los indios piedrecitas de colores jamás vistas e irresistibles espejos y el español, el objeto que con más fuerza justificaba su viaje a esos recónditos lugares; el vil metal.

Lo único discutible en este último planteamiento, es la ausencia de intención de engañar, es muy posible que los indios, una vez perdida la inocencia, ya que no fueron sólo los collares la mercadería de cambio, se dieran cuenta que se estaban llevando la peor parte, pero igual, ya estaban en el saco y de ahí adelante tenían que aceptar los espejitos a la buenas o a las malas, tratando de salvar lo más posible.

La práctica está lejos de ser obsoleta, tiene todavía amplia aplicación, el truco consiste en elaborar un producto, o hacer una oferta, que aparente ser mucho más de lo que realmente es y encontrar interlocutores ingenuos o desavisados, que en realidad son los menos, o ambiciosos y con ganas de saltarse el conducto regular, que podrían ser los más abundantes.

Los mismos inventores del método son los que se han encargado de advertir que no es oro todo lo que reluce, que hay falsos brillos, que debajo de una capa dorada y superficial, hay metales de baja ley. Una situación que describe con igual exactitud tanto a objetos como personas.

A lo mejor los inexpertos indios no tuvieron opción, los irreductiblemente codiciosos conquistadores, que no habían venido a otra cosa, les habrían quitado el oro de todas maneras, pero nosotros sí podemos evitar que nos pasen gatos por liebres

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