Opinión

Impuestos y lucro

Por: Diario Concepción | 12 de Mayo 2018
Fotografía: Diario Concepción

Jorge Porter Taschkewitz
Ingeniero comercial y académico UdeC

El año 1993 el Estado chileno tuvo Ingresos Tributarios iguales al 16,9% del Producto Interno Bruto (PIB). Veinticuatro años después (2017) esa cifra es del 17,1%. Si bien el porcentaje total no ha variado, sí lo ha hecho su composición.

Los impuestos más importantes que recaudó el Fisco chileno en 1993, fueron como porcentaje del total de cada año, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) con el 49,2%, Renta con el 23,4% y Comercio Exterior con el 12,6%, sumando entre los tres el 85,2%. El año 2017 esa composición fue IVA con el 49% y Renta con el 40,2%, sumando un 89,2% entre los dos conceptos de impuestos.

Como se puede apreciar, el alza del concepto Renta fue de 23,4%  a 40,2% y, dentro de éste, fue el Impuesto de Primera Categoría el que subió en mayor magnitud de un 10,7% a un 21,9%, colaborando con los 2/3 del alza total y sabiendo que va a subir algo más.

El impuesto Primera Categoría se aplica a las rentas del capital y de las empresas comerciales, industriales, mineras y otras.  En realidad, se aplica a las instituciones que tengan utilidades, lucro, crematística o plusvalía según quien lo esté viendo.

Por otro lado, hay estudios sobre la gestión del rendimiento y la productividad en organizaciones públicas y en organizaciones con fines de lucro que muestran cómo se comportan estas organizaciones con los valores de productividad como eficiencia, eficacia y equidad.

Las públicas destacan por la equidad, algo en la eficacia y poco en eficiencia; en cambio, las con fines de lucro destacan por su eficiencia, algo en eficacia y poco en equidad.

Es sabido que la mayoría de las empresas privadas con fines de lucro son mejores en eficiencia y eficacia, dado su estímulo de obtener mejores compensaciones, y además mejorando la calidad y oportunidad de sus productos y servicios.

Todo el show que al emprendedor sólo le interesa el lucro aunque su negocio se venga abajo por malo, es una pobre y perifoneada caricatura de interesados en destruir el sistema económico libre de empresa. Puede que haya unos pocos emprendedores malos que desprestigian, pero no duran en un mercado con un buen nivel de competencia y con barreras de entrada y salida saludables.

Si Chile extiende esta mancha del no al lucro, nos vamos a quedar sin eficiencia, sin utilidades, sin impuestos, sin trabajos y vamos a ser más pobres. Vean Venezuela, es impresionante como Maduro destruyó ese país y se prepara para las “elecciones” del 20 de mayo y transformar ese país en una cárcel, dónde los carceleros viven más o menos bien y la gran mayoría es sometida por la fuerza y el miedo, como ha sido Cuba los últimos 60 años con los Castro Ruz.

Menciono, una vez más, lo indicado por Edgardo Boeninger en su libro “Chile, rumbo al futuro. Propuestas para reflexionar”, que en la página 46 escribió: ”Me parece que debe eliminarse la prohibición del lucro para acabar con una ficción que hoy refleja solo una utopía”.

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