Opinión

¿Iglesia Santa?

Por: Diario Concepción | 11 de Mayo 2018
Fotografía: Diario Concepción

Muchos podrían preguntarse si, dada la situación actual de la Iglesia Católica,  no sería prudente eliminar   la palabra “santa” en el rezo del Credo. Dirán que es un descaro ostentoso afirmar esa propiedad de una iglesia cuyos miembros han sido capaces de cometer hechos tan luctuosos y delitos tan atroces que, no sólo tocan “los corazones de los creyentes, sacude su fe y amenaza su capacidad de confiar  en Dios”, sino que también escandalizan e indignan al mundo entero.

No, no es necesario cambiar nada: la Iglesia desde su fundación ha sido santa, lo es ahora y lo será siempre. Lo que se debe aclarar muy bien es que no habrá modo de entender la santidad de la Iglesia si es que la consideramos como una simple institución humana, como puede ser Codelco o la Cruz Roja. Mientras esas instituciones son resultado de los deseos y  de la inteligencia del hombre, la Iglesia es, ante todo, fruto de una intervención directa de Dios. En efecto, la Iglesia es una institución sobrenatural formada por dos realidades: una divina –Cristo, que es la Cabeza-  y una humana – que es cada uno de  los bautizados.

La santidad de la Iglesia se afirma por la santidad de su Fundador, Jesucristo, que es  el Hijo de Dios,  el Santo de Dios. Pero también por su doctrina, que  es santa y por los medios – los sacramentos y la oración- que utiliza para  santificar a los hombres. Y esa triple santidad, por mandato divino debe trasmitirse a todos los bautizados: “Sean santos, porque Yo, Señor y Dios, Soy Santo. Y es aquí donde el puente se ha  quebrado, es aquí, en algunos de sus miembros,  donde la santidad de la Iglesia ha quedado  maculada y pisoteada  gravemente. Somos sus miembros, no la Iglesia, los que hemos fallado. La Iglesia es santa, pero formada por pecadores. Por eso es  injusto e impropio referirnos a “los pecados de la Iglesia”; lo correcto es decir “mis pecados, tus pecados, nuestros pecados”

¿Hay pecadores en la Iglesia Católica? ¡Por supuesto que sí! Somos una iglesia de pecadores: siempre los ha habido y siempre los habrá, porque todos cargamos con malas inclinaciones, que son fruto de la concupiscencia, la gran herida dejada por el pecado original. Pero junto a esa realidad, hay otra  realidad frente a nuestros ojos: los abundantes frutos de santidad de tantos de sus miembros – nuestros chilenos Teresa de los Andes y Alberto Hurtado-  y sus innumerables obras de caridad como Caritas, Fundación Las Rosas y  El Hogar de Cristo.

Entonces tenemos que equilibrar nuestro juicio  a la hora de juzgar a la Iglesia, pues sería  una falta grave de fe concluir  que la barca de Pedro se está hundiendo. Afirmarlo significaría negar la promesa que nos hizo Cristo al fundarla, que  “los poderes del infierno no podrán contra ella”.

Abelardo González Alvarado
Colegio Pinares

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