Opinión

Descuidado sueño de la casa propia

Por: Procopio | 08 de Diciembre 2017

Unos jóvenes estudiantes de Arquitectura de la Universidad Concepción obtuvieron el Premio Abrilar Sustentable, por un diseño para una sala cuna. Hasta ahí todo bien, un buen diseño, un premio estimulante, pero lo que hay por ahí, por encima de los aplausos, es la idea de construir a escala humana, pensando en las personas

Una invitación a reflexionar sobre las llamadas viviendas sociales, casi un sinónimo de diseño amontonado, repetido hasta la náusea, de un conjunto feo de ver y posiblemente más feo de vivir, una solución perezosa, rutinaria, de libro elemental de arquitectura y de planos de fácil acceso en incontables programas computacionales.

Lo que puede faltar es lo que estos jóvenes, como muchos otros profesionales en este ámbito, han tratado de hacer, ponerse en el lugar de los usuarios, ya que se trata del área aparentemente olvidada de la arquitectura, tradicionalmente asociada a la riqueza, sin fijarse en gastos, diferente a aquella que puede lograr conjuntos habitacionales dignos, diferentes, razonablemente individualizados, con entornos no por modestos, desatendidos.

Hay mucho talento en nuestros estudiantes de arquitectura, suficiente generosidad como para romper el paradigma de la vivienda social como actualmente se la concibe y hacer de los barrios modestos un sector que contenga belleza, que permita a las familias hacer mejoras asesoradas y dar a los niños espacios adecuados, áreas verdes y lugares seguros de esparcimiento.

Con la ayuda de profesionales y gestores de este perfil las ciudades pueden crecer más armónicamente, sin estar dramáticamente divididas en lugares para vivir y lugares que es mejor evitar, va de la mano con otros cambios en la sociedad, pero por alguna parte hay que empezar.

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