Opinión

Los tiempos de la poca salud

Por: Procopio | 05 de Diciembre 2017

La muerte fue un factor omnipresente en la sociedad chilena de la segunda mitad del siglo XIX. La mortalidad infantil superó los 300 por mil nacidos vivos y la esperanza de vida al nacer para un hombre no pasaba los 28 años, era patética la lista interminable de desgracias, de enfermedades, pestes y epidemias que afectó a la población de Chile. El cólera apareció con rasgos epidémicos entre 1886 y 1887. En aquella oportunidad los centros urbanos más afectados llegaron a perder hasta el 5 por ciento de su población.

Como la mala sombra, la viruela amenazó a la población chilena, desde esos tiempos, al primer cuarto del siglo pasado, son incontables las epidemias que se conocen. No faltaba motivo para morir temprano, otras enfermedades adquirieron el carácter de epidemia, como la tuberculosis, el tifus, el sarampión y otras enfermedades infecciosas.

El principal centro de interés político estuvo enfocado en disminuir la mortalidad infantil, lo que se logró bien avanzado el siglo. La vulnerabilidad que afectaba a los niños era tanto sanitaria, como moral; delincuencia, las precarias condiciones de trabajo, el abandono de los padres y el uso descontrolado del tiempo libre. En este contexto, se dictaron varias leyes de protección a la infancia para controlar la marginalidad, el abandono y la delincuencia.

Es verdad que la salud sigue estando entre los problemas por solucionar y todavía ocupa un destacado lugar en medio de la lista de peticiones a los gobiernos de turno, pero una mirada al pasado permite avizorar que no es una guerra perdida, es una guerra larga, eso sí, de esas guerras que muestran, con desconcertante irregularidad, cambios de enemigos y de armamento. El que pierde es el que baja los brazos.

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