Opinión

No perder la fe en la decencia

Por: Procopio | 25 de Noviembre 2017

No es difícil encontrar -o tempora o mores-, frase de Marco Tulio Cicerón; ¡Oh tiempos, oh costumbres!, personas que concluyan que ser honesto, sincero y recto es un impedimento severo en este asunto competitivo de tener éxito, que los que así se comportan, los poco pillos, tienen la posibilidad cercana de ser sacados de la pista con desalentadora frecuencia.

Mil ochocientos años más tarde, Rousseau, el autor de “Contrato Social”, obra que, no sin razón, resulta inspiradora para la Revolución Francesa, lanza una idea inquietante en plena ilustración, como ahora, en plena idolatría del progreso: “Con el progreso sabemos lo que ganamos, pero no sabemos lo que perdemos”. La propuesta de Rousseau, es que el hombre puede experimentar una regresión moral, que la sociedad le pervierte, puede hacernos envidiosos, ambiciosos, entre otras posibilidades. Salvo que a esa tendencia, descrita por este filósofo, se le  oponga otra de a lo menos igual magnitud y en sentido contrario. A lo mejor es ese el sentido de muchas leyes, mantenernos dentro de las normas, de la ética, hacer de nosotros ciudadanos auténticos, votando leyes que traten de dar prioridad, en el corazón mismo del deseo, al interés general por sobre el interés particular.

No deberíamos perder la capacidad de indignarnos frente a situaciones, lamentablemente abundantes de las malas prácticas, no resignarnos a despacharlas con resignación, a tratarlas livianamente como otra más de una larga serie por continuar, más que nunca ahora, en tiempos de festival de ofertas, no hay que perder de vista la verdad, la sinceridad y el recto proceder.

 

                PROCOPIO

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