Opinión

Luces y sombras de la muela del juicio

Por: En el Tintero | 13 de Octubre 2017

Se supone que hay una edad que debiera mostrar signos alentadores de cambio en la dirección de la madurez de los jóvenes, que en tiempos remotos se ubicaba más o menos a los 18 años, la edad de Octavio, posteriormente Augusto, cuando tuvo que hacerse cargo de los asuntos de su tío Julio César, a pesar de fuerte opinión en contrario de otros interesados mayores. En otras épocas, esa edad, la mayoría de edad, era la adecuada para hacerse cargo de gobiernos, negocios, empresas y otros emprendimientos de gente grande.

En la actualidad, los jóvenes de esa edad están protegidos y alejados de tamaños padecimientos por muchos otros años, en un marco de moratoria psico- social, gentil regalo de una sociedad protectora, para darles espacio a una educación larguísima que eventualmente los capacite para sobrevivir en este mundo hostil. Aunque hay un grupo de jóvenes que no pueden darse ese lujo y tendrán que enfrentar desde temprano los rigores de la vida real, que no suele tratar con suavidad a nadie, estén o no realmente preparados.

Hay un signo odontológico para esa etapa, la erupción del último de nuestros molares, que suele ocurrir, con grandes variaciones, aproximadamente a los 18 años. Como la sabiduría popular no suele equivocarse, en diferentes culturas la muela en cuestión se asocia a un estado de mayoría de edad mental. Para dar algunos ejemplos; en Italia, diente del giudizio, en Portugal dento do siso, o sea el seso. En Francia, dent de sagesse, o de la sabiduría, los romanos de antes la denominaban dens sapientiae, que corresponde al wisdom tooth en Inglaterra, con nombres de igual significado en otros idiomas.

Lo único malo es que para un número indeterminado de jóvenes, las muelas del juicio no bastan.

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