Opinión

La legendaria parada del tonto

Por: En el Tintero | 06 de Octubre 2017

Ahora no cuesta nada ponerse a mirar en los archivos fotos antiguas, como aquella del edificio de la Municipalidad, reconstruido en 1916 en el cruce de las actuales calles Barros Arana y Aníbal Pinto, justo frente a la plaza de la Independencia y al lado de la Intendencia. Este noble edificio, de influencias arquitectónicas francesas, estaba coronado por un reloj. La belleza de la edificación, el visible reloj, así como su ubicación en una esquina de la plaza y en una calle principal, lo convertían en un referente céntrico, de fácil acceso y natural punto de encuentro.

Como todas nuestras construcciones, sin importar lo lindas que fueran, duró poco, en este caso el terremoto de turno, el desaforado sismo de 1939, que dejó el edificio a mal traer y el golpe de gracia del terremoto de 1960, que obligó a su  demolición, a pesar de la negativa ciudadana, muy apegada a ese edificio, e incluso tras alguna consulta popular organizada por la prensa local de la época. Dejar la Municipalidad donde ahora está, con el edificio que tiene, sin clase ni estilo, no dejó contento a penquista alguno.

Sin embargo, el lugar de encuentro persistió más allá de la desaparición de la Municipalidad,  justamente la originalidad del sitio reside en el hecho que su establecimiento como hito se fundamenta exclusivamente en la transmisión oral que la comunidad ha hecho de su función como punto de encuentro, sin que ello tenga vinculación con elemento espacial alguno.

Su denominación no es muy halagadora, sin embargo; la Parada del Tonto, por los ingenuos que se quedan allí, esperando a alguien que jamás aparece, como aquellos que esperan que la suerte les cambie sin mover un dedo, que les vaya mejor haciendo lo mismo, para lo cual no es realmente necesario mirar el reloj.

 

                   PROCOPIO

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