La reciente destrucción del improvisado cementerio de mascotas en Caleta Lenga, en la comuna de Hualpén, no solo en evidencia un vacío legal o una falta de regulación sanitaria, sino que episodios como este, donde familias enteras llegan desesperadas a rescatar placas, recuerdos y fragmentos donde descansan sus animales, revelan también una dolorosa verdad cotidiana, la carencia de espacios para procesar el duelo por la pérdida de un animal de compañía.
Lo anterior, por ejemplo, vinculado a que nuestras ciudades han cambiado, la forma en que habitamos los hogares del Gran Concepción se ha transformado, donde existe una alta densidad de departamento, donde el promedio de mascotas se ha incrementado con el paso del tiempo.
Esto último, reflejado en una reciente Encuesta Cadem, la cual reveló que el promedio de mascotas en los hogares chilenos “alcanza 2,4, una cifra que supera el promedio de hijos y consolida el avance de las familias ‘multiespecie’”.
Como advierte el concejal de Hualpén, Matías Rifo, quien fue uno de los denunciantes de la afectación al espacio en Lenga, existe una “necesidad imperiosa hoy de poder tener un lugar regulado como un cementerio de mascotas”.
Lo anterior, debido a que, como este tipo de espacios no cuentan con regulación legal, existen riesgos de contaminación, si no hay regulación o cuando la propiedad de los terrenos es privada y se afecta al derecho del propietario respecto del bien raíz. La pregunta sigue siendo, ¿Qué se puede hacer con los restos de una mascota?
La legislación actual y las advertencias de la Seremi de Salud sobre los riesgos de vectores o contaminación de suelos son comprensibles desde la salud pública, pero ofrecen pocas respuestas prácticas al vecino que habita un departamento o una casa sin jardín. Ante la ausencia alternativas públicas formales, el dolor del duelo familiar choca con la realidad. Testimonios como el de Ricardo, quien debió acudir en reiteradas ocasiones a reparar el sitio donde descansaba su animal en Hualpén, porque “las tiran, las sacan y las arrojan en cualquier lugar”, muestran la vulnerabilidad a la que se ven expuestos los restos de quienes nos entregaron años de compañía incondicional.
En ese sentido, los servicios de cremación parecen ser una opción valedera. Aunque su costo puede representar un esfuerzo económico para muchos hogares, la cremación se instala hoy como la opción más segura, higiénica y respetuosa. Si se persiste en una sepultura, tal vez podría ser necesario habilitar terrenos fiscales o establecer alianzas público-privadas que permitan contar con memoriales y cementerios que cumplan con exigencias de resguardo ambiental. Al parecer, es una vía que debe tener presente.