A casi una década del hito administrativo, la tarea urgente es consolidar una gobernanza colaborativa que potencie las capacidades de cada territorio.
A ocho años de la creación de la Región de Ñuble, la perspectiva histórica permite evaluar con serenidad lo que significó el rediseño político y administrativo de la zona centro-sur. Si bien la división territorial marcó el fin de una histórica dependencia administrativa con Concepción, la dinámica económica, social y logística de la zona demuestra que las fronteras regionales no pueden (ni deben) traducirse en un distanciamiento productivo. El verdadero desafío de este hito no reside en la separación, sino en la capacidad de ambas zonas para seguir trabajando juntas.
La experiencia reciente confirma que la interdependencia entre Biobío y Ñuble se mantiene intacta. Las cadenas de exportación forestal y agrícola, la infraestructura vial (como el caso de la Ruta del Itata) y la red portuaria del Biobío operan como un solo gran engranaje. Ñuble requiere de las plataformas logísticas y de servicios consolidadas en Concepción y sus puertos para proyectar su producción, mientras que el Biobío necesita de la fuerza agrícola, la generación energética y el capital humano de su vecina para sostener su competitividad macrozonal.
Asumir este escenario exige superar la lógica de la competencia local y construir una agenda estratégica compartida. La descentralización no debe interpretarse como un aislamiento autonómico, sino como la oportunidad de negociar y planificar con mayor equidad.
“Seguimos trabajando en la instalación de algunos servicios que están pendientes, pero, efectivamente, ha sido un muy buen balance para que Ñuble para, sobre todo, pueda tener mayor inversión, más puestos de trabajo. Es un desafío permanente que día a día estamos realizando”, sostuvo el delegado presidencial de Ñuble, Diego Sepúlveda.
“Muchas de las capacidades portuarias y forestales se combinan en el caso de las regiones vecinas, como en el caso de Ñuble y la Araucanía. Por lo tanto, tenemos un trabajo en conjunto con los vecinos que vamos a continuar desarrollando”, complementó el delegado de Biobío, Julio Anativia.
Biobío y Ñuble comparten una historia cultural e industrial común que las define como regiones hermanas. A casi una década del hito administrativo, la tarea urgente es consolidar una gobernanza colaborativa que potencie las capacidades de cada territorio.