Editorial

La postergada reconstrucción del Mercado Central

Para el ciudadano corriente, a pesar de reconocer las complejidades de la situación, el hecho de tener una manzana emblemática de la ciudad en estado de ruina por más de cinco años, es impresentable.

Por: Editorial Diario Concepción | 08 de Agosto 2019
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

No importa que a primera vista volver sobre el asunto del Mercado Municipal de nuestra ciudad, parezca reiterativo o pertinaz, la emergencia periódica de nuevos elementos de complejidad relativos a su situación no hacen otra cosa que poner evidencia una realidad irritante, la incapacidad de resolver un desafío urbano de primera magnitud, con el agravante de su extrema, próxima y acusadora visibilidad.

El destino de este edificio es ciertamente más relevante para la ciudadanía penquista que lo conoció como referente urbano y para los usuarios de la Región, en calidad de clientes o abastecedores. Su historia es larga y muy vinculada al acontecer de la ciudad, construido en 1940, como parte del período de reconstrucción posterior al Terremoto de Chillán de 1939. En abril de 2013, sufrió un incendio que destruyó el 60% de su estructura. Tres meses después, sus restos fueron declarados monumento histórico, una medida de muy dudosa efectividad que no hizo otra cosa que agregar a una nueva complejidad a una situación suficientemente embrollada, con multiplicidad de actores con objetivos disímiles.

Lo que no hay que olvidar, sin embargo, para poner las cosas en su sitio, es que para finales del siglo pasado el Mercado Central mostraba un avanzado proceso de degradación y descuido, y hasta la década de 2010 fue foco de fuertes controversias judiciales, habiendo varias veces riesgo de remates y embargos, mientras los locales trabajaban en condiciones precarias desde el punto de vista sanitario y de seguridad, siendo el incendio una consecuencia esperable.

Los últimos desarrollos corresponden a la situación desencadenada por el intento municipal de dar una salida a esta situación de estancamiento ante el posible remate del Mercado, ya que el establecimiento mantiene una deuda de $1.700 millones, la cual habría sido la originada por los administradores del recinto. Por su parte, los locatarios presentarán un recurso de protección para pedir que se cumpla el avenimiento suscrito ante la Corte Suprema el año 2013, buscando que en lo inmediato se paralice la expropiación del inmueble.

A estas alturas se han acumulado expedientes ante diversas tratativas de solución, con acusaciones mutuas, de acuerdos posibles frustrados de traspaso del inmueble. Para la autoridad edilicia esa es una nueva oportunidad para avanzar en la expropiación de la manzana en discordia llamando al Gobierno Regional en ese sentido, con respuesta del Intendente, quien alude a la conformación de una mesa intersectorial para solucionar estos problemas.

Para el ciudadano corriente, a pesar de reconocer las complejidades de la situación, el hecho de tener una manzana emblemática de la ciudad en estado de ruina por más de cinco años, es impresentable, no hay una situación, por compleja que sea, que no pueda ser resuelta por la legislación chilena y sus representantes, provisto que exista una voluntad indeclinable de darle término, teniendo a la vista el superior bien común de la ciudad y la Región. La situación actual de interminables desencuentros es una muestra de incapacidad aparente de la Región para salir adelante, una muestra de velocidades y voluntades diferentes entre el centro del país y las regiones, frecuente inmersas en conflictos interminables y tareas pendientes. Es de esperar que las actuales autoridades puedan desenmarañar este litigio y devolver el Mercado a la ciudad.

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