Editorial

Desafíos de la academia ante la automatización

Se plantea la pregunta de cuántos profesionales, de diversos campos, están siendo preparados para un mundo que está dejando de existir, en que sus antiguas labores las están cubriendo máquinas o programas.

Por: Editorial Diario Concepción | 07 de Junio 2019
Fotografía: La Tercera

Las universidades se encuentra ante un punto de inflexión. Su tradición de siglos es enfrentada con un futuro que se ha apresurado tanto que ya está convertido en presente, con nuevas reglas del juego, como puede ser la declaración tácita que muchos asuntos que parecían establecidos, se encuentran en la actualidad obsoletos, o teniendo esa característica en plazos inquietantemente breves, como pueden ocurrir con algunas carreras técnicas y universitarias tradicionales.

Según las predicciones, posteriores a un estudio de la Universidad de Oxford, para 2030, el 55% de las tareas corrientes será realizada por robots, como toda conclusión de esa naturaleza, debería ser tomada cum grano salis, con prudente escepticismo, Pero la verdad es que nunca en la historia de la humanidad, se habían sucedido cambios tecnológicos en la magnitud y frenética velocidad de los tiempos actuales, cuando la obsolescencia puede ocurrir en cuestión de meses.

Lo que ciertamente ocupa a las personas no son las innumerables ventajas que puede traer el progreso, en tratamientos de enfermedades, en transporte, en cada aspecto de la vida cotidiana, sino el impacto de las tecnologías en su futuro laboral. El temor apenas disimulado de ser reemplazado por una máquina y quedar al costado, sin recursos y sin importancia, para efectos prácticos, inútil, perder la dignidad que otorga el trabajo y mucho de la razón de ser. Recientemente, una imagen de televisión resultó intimidantemente anticipatoria, en China, un androide debutó como presentador de noticias.

Es obvio que el primer desafío se presenta a las instituciones que se supone tienen la responsabilidad de producir recurso humano de alto nivel para las tareas más complejas y trascendentes del desarrollo de Chile, justamente porque un número apreciable de carreras en educación superior técnico profesional y universitaria tienen ante sí un escenario intranquilizador: el de la posible obsolescencia. Ante ello, se plantea la pregunta de cuántos profesionales, de diversos campos, están siendo preparados para un mundo que está dejando de existir.

El tema fue el foco un foro mundial del sector en Australia y Nueva Zelanda al que asistieron un grupo de rectores chilenos de instituciones técnico-profesionales, agrupados en Vertebral y acompañados por el Mineduc, donde se pudo apreciar la naturaleza de algunas futuras ocupaciones entrenadores de máquinas, técnicos en ciberseguridad, detectives de datos, diseñadores de procesos automatizados, vendedores ultra especializados, técnicos en inteligencia artificial y fabricación de partes del cuerpo humano.

Esta ola de demandas diferentes no deja espacios sin tocar, es la responsabilidad de las instituciones examinar, desde la perspectiva de sus altos grados de especialización, cual es el horizonte probable e implementar los cambios curriculares necesarios, casi sin excepción. Los perfiles de egreso de las carreras técnicas, profesionales y universitarias deberían ser sometidos a cambio, para formar personas en un mundo de máquinas y para capacitar a quienes tendrán que vivir con la veloz evolución de la realidad laboral, trabajando con la tecnología para transformarla de amenaza en aliada.

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