Editorial

Construir ciudades para la dignidad y la inclusión

Las iniciativas que han dado a muchos, sin otra opción, el sueño de la casa propia, han resultado ser defectuosas en más de un sentido, no sólo de calidad material, sino tal vez de causar, inesperadamente, lesa humanidad.

Por: Editorial Diario Concepción | 09 de Abril 2019
Fotografía: Contexto

Es muy posible que más de algún ciudadano, pasadas las urgencias de alguna de las frecuentes emergencias que se reproducen predeciblemente en el acontecer nacional, no se haya preguntado si las soluciones habitacionales que se han propuesto, en reemplazo de campamentos y refugios para salir del paso, son las únicas posibles.

Las soluciones habitacionales, viviendas sociales y erradicación de campamentos, han tenido un trasfondo implícito de dar, a quien lo ha perdido todo, o no tiene nada, el mínimo posible, una solución que tenga lo más imprescindible, economizando en todo lo que se pueda, para grandes números.  Algunas iniciativas que han dado a muchos, sin otra opción, el sueño de la casa propia, han resultado ser defectuosas en más de un sentido, no sólo de calidad material, sino tal vez, inesperadamente,  de lesa humanidad.

Elaborando esta interrogante un poco más, si la estética, el ordenamiento, la disposición en los espacios, no tienen alternativa más que copiar incansablemente, a centenares, el mismo diseño exterior, el mismo patrón, sin variación alguna o, si es posible, con costos semejantes sin utilizar las mentes creadoras de nuestros arquitectos para dar a cada hogar, o grupo pequeños de ellos, un poco de individualidad, algo así como democratizar la belleza y la dignidad.

Se ha dado en denominar campamentos de cemento  a esa realidad representada por 300.000 familias viviendo en cientos de barrios de bloques de edificios,  el resultado de una nula planificación urbana o tal vez una insuficiente apropiación del concepto de respeto a los otros, no importa cuán modestos, lo que da por resultado   una excesiva aglomeración de familias vulnerables que se han transformado en focos de segregación y exclusión. En no pocas oportunidades  algunas familias optan por abandonarlas, viviendo como allegados o de regreso a un campamento que en comparación resultan ser mejores, menos alienantes, lo cual da una cabal idea del nivel de insatisfacción que existe como para no considerar ese tipo de solución como la alternativa preferible.

Es el área aparentemente olvidada de la arquitectura, tradicionalmente asociada a la riqueza, a las grandes torres de cristal, a las construcciones de cuidadoso diseño y de altos costos, que al mismo tiempo ha dejado olvidada la aplicación de sus conocimientos, de su talento para hacer de estos otros conjuntos habitacionales algo digno, con entornos no por modestos, desatendidos, con áreas verdes, con sectores para el esparcimiento.

La reflexión faltante,  en la planificación de esos conjuntos habitacionales,  es una arquitectura creativa. No es realmente comprensible que no haya capacidad profesional como para diseñar soluciones más dignas, con respeto a la individualidad de las familias, con espacios adecuados, con entornos más acogedores.

Hacer las cosas de ese modo es un paso de mucha fuerza hacia la inclusión en las ciudades, con construcciones que, aunque modestas, armonicen de mejor modo con otras de más alto costo, ya no es socialmente aceptable que las ciudades más exitosas se caractericen por ser un núcleo refulgente rodeado de construcción precaria y, más lejos, conjuntos habitacionales exclusivos y amurallados. Se espera, no de un día para otro, pero paulatinamente,  llegar a tener ciudades más humanas.

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