Editorial

La quinta columna de la marihuana

Las cifras son de tal magnitud que cuesta entender que todavía exista espacio para el debate en el parlamento chileno; 30,9% de los jóvenes ha declarado que en el último año consumieron marihuana, la proporción más alta de América.

Por: Editorial Diario Concepción | 12 de Marzo 2019
Fotografía: Contexto

Los asuntos políticamente convenientes, no importa cuán inconvenientes sean para cualquier otro propósito, tienen un poder desproporcionado de penetración, su utilidad y beneficios son tan inmediatos que no se profundiza el estudio de sus méritos y riesgos, sino más bien se racionaliza su instalación para propósitos electorales.

No hay en realidad otra explicación sincera para que el tema de liberar el uso de drogas tenga justificación, sus argumentos, tenues desde un punto de vista científico, son vistos desde el punto de vista de la ganancia en popularidad, ya que se puede establecer con relativa facilidad una asociación positiva con derechos individuales, con la libertad de elegir, con la democracia en sus más prístina expresión, en posiciones de avanzada social, de progresismo y apertura frente a un mundo de prejuicios obsoletos, al dejar liberado el uso de  sustancias como la marihuana, que como inofensivo elemento de entretención tendría, además, efectos benéficos sobre la salud.

Para el presidente nacional del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda). La evidencia es contundente en cuanto a que no existen fines terapéuticos de la marihuana, en una sentida entrevista a un medio de circulación nacional comenta;  “como chileno… estas condiciones me movilizan a comunicarle a la población, que cuando quieren decirles que la marihuana no hace nada, explicarles que el 65% de los jóvenes que entran al tratamiento del Senda, entran por marihuana. Es una cifra apabullante”.

Es extremadamente difícil desoír ese tipo de declaración, sobre todo, cuando en fechas próximas este tema ocupará nuevamente las pantalla y páginas, ya que se retomará el debate en la comisión de Salud del Senado sobre el proyecto de ley -en segundo trámite- que busca modificar el Código Sanitario para incorporar y regular el uso medicinal de productos derivados de la cannabis.

Las cifras son de tal magnitud que solo observando las circunstancias descritas al principio podría explicarse que una materia con estas características tenga todavía espacio para el debate en el parlamento chileno; 30,9% de los jóvenes ha declarado que en el último año consumieron marihuana, la proporción más alta de América, desde Canadá a Chile, con un punto de inflexión en 2011, que resultó en un aumento significativo al 2017 de un 60%, declarado por los propios jóvenes, lo que nos sitúa primeros en la región.

Esta situación se explica por la irresponsable banalización del debate sobre las consecuencias del uso de la marihuana, la resistencia a publicar la evidencia de sus efectos negativos. La postura de la máxima autoridad del Senda, en cambio, es claramente contraria y unívoca sobre todo uso de cannabis, al verificar los antecedentes de los consumidores que se tratan en ese servicio, declara “me hace comprensible entender que no existen drogas ni duras ni blandas”.

El Estado tiene la obligación de prevenir con políticas públicas claras, que le den toda la información a la ciudadanía, y especialmente a los adolescentes, en relación al daño que produce en ellos el consumo de marihuana y los políticos actuar responsable con pleno conocimiento de causa, todos los jóvenes chilenos, sus hijos incluidos, están ante este riesgo, el discutible beneficio puede ocultar la magnitud de largas y negativas consecuencias.

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