Editorial

La rápida evolución de las carreras profesionales

Por: Diario Concepción | 04 de Octubre 2018
Fotografía: Copesa

Las velocidades de los acontecimientos son otras al compararlas con un pasado ni siquiera demasiado lejano, los cambios se suceden con tal rapidez que no siempre es posible saber si el precedente tuvo alguna oportunidad de mostrar su potencial antes de ser reemplazado por la evolución que continúa, una base de potencial incerteza, ya que no siempre es posible demostrar lo adecuado de los cambios, que pueden llevarnos incluso por caminos que, tras mal resultado, habría que desandar.

Las universidades son, posiblemente, el blanco más inmediato de tales modificaciones, ya que se espera que sea precisamente allí donde se examine y valore el sentido de los cambios, que, con sus hondas raíces en el continuo del conocimiento, puedan discriminar entre lo trascendente y lo accesorio, tener, sobre la base de la larga e histórica experiencia, una postura y una reacción frente a las realidades mutantes del mundo contemporáneo, empezando por su propio quehacer, cuánto de su visión de desdibuja con las nuevas ópticas, cuánto de su misión debe ser reexaminada.

Por supuesto que hay indicadores de mayor sutileza, pero los descritos por los expertos resultan lo suficientemente elocuentes para señalar, no solo una tendencia, sino una obligación de reaccionar proactivamente, dadas sus implicancias para los directamente afectados, en este caso, la evolución de las matrículas en determinadas carreras y la perspectiva de vida laboral de los profesionales así formados. Se ha conocido el listado de las 20 carreras universitarias que más han bajado sus matrículas en los últimos diez años, como ha ocurrido con Pedagogía en Educación Básica, que tuvo casi 20 mil alumnos y que ha bajado en postulantes a la mitad de esta cifra. Por otro lado, hay carreras que ganan en interesados, sobre todo, en las áreas de la salud, como Terapia Ocupacional, que ha quintuplicado sus alumnos, hasta llegar a los actuales 11 mil.

Hace más o menos una década, todavía el grueso de los estudiantes de la enseñanza media apostaba a las carreras más tradicionales, llevados por su popularidad o el prestigio histórico, pero en los últimos años ganan cada vez más fuerza otros factores; el valor del arancel, la institución que la imparte, si está acreditada o no, si está adscrita a la gratuidad, o su grado de dificultad. La mayor transparencia de la información permite, igualmente, considerar la posibilidad de encontrar trabajo y si se obtiene un buen salario en relación con la inversión hecha para estudiar. Según director del Centro de Justicia Educacional UC, la vocación no cambia mucho entre una generación y otra, pero sí lo hace la expectativa del incentivo económico. “Ahora los postulantes pueden ver cuánto ganan los egresados en los primeros años de trabajo y esa información tiene un impacto”.

Seguramente, las casas de estudios superiores deben tener en la mesa de proyectos el análisis de las tendencias, para adecuar sus ofertas de carreras profesionales y técnicas al mundo laboral y productivo del futuro, ante la llegada de la automatización y la inteligencia artificial, la así llamada cuarta revolución industrial. Una tarea de explicable urgencia, pero, al mismo tiempo, habrá siempre otra necesidad, la de la humanidad enfrentada a uno de los más grandes desafíos de su existencia como especie, la de aprender a vivir en un mundo donde gran parte de sus atributos podrían ser capturados por máquinas.

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