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Editorial

Otra mirada al consumo de alcohol por adolescentes

La Organización Mundial de la Salud informa que los chilenos consumen 7,5 y 9,9 litros per cápita, situando al país como el mayor consumidor de América Latina, un 27,3% de los adolescentes chilenos entre 15 y 19 años presenta un intenso consumo de alcohol.

Por: Diario Concepción 04 de Abril 2017

Por mucho que la preocupación pueda ser entendida como anacrónica, como aparente falta de comprensión a los cambios de la sociedad, la libertad de los jóvenes para ingerir alcohol, no es de aquellas circunstancias que corresponden a una nueva y adelantada forma de ejercer sus derechos y a vivir sus vidas a su entero arbitrio.

Esta situación está en un contexto global y preocupante de la realidad nacional, la Organización Mundial de la Salud muestra que los chilenos consumen 7,5 y 9,9 litros per cápita, situando al país como el mayor consumidor de América Latina, casi triplicando el nivel de consumo de alcohol considerado peligroso por la OMS, por su parte, un 27,3% de los adolescentes chilenos entre 15 y 19 años presenta un intenso consumo de alcohol.

Una investigación realizada por Fundación Paréntesis, en un estudio sobre "alcohol y gestión de riesgo" con 2750 estudiantes de colegios particulares y particulares subvencionados entre 7° básico y 4°medio de diversas regiones del país, determinó que un 35% de los encuestados se ha subido a un auto conducido por una persona que bebió alcohol y un 17% ha olvidado lo que hizo mientras bebió. Sin embargo, señalan que su mayor preocupación por el consumo de alcohol son sus consecuencias, en concordancia con la información existente en las fuerzas del orden o en los medios; accidentes de tránsito, atropellos y peleas en discoteques como las ocurrencias más comunes.

Las respuestas de los jóvenes son de suyo explicativas de su actitud frente al consumo de alcohol; "es fácil conseguirlo para un menor de 18 años", "debería permitir el consumo desde los 16 años", "está prohibido para los menores de 18, pero no es tan anormal… nuestros papás y abuelos lo hicieron". Las razones para ingerirlo son igualmente directas: "se pasa mejor con alcohol", "como que se transforma la gente", "mientras más lo prohiben, más ganas de hacerlo". 

Sin embargo, hay inquietudes, como no acordarse de lo que se hizo, o cometer algún acto punible o vergonzoso del cual haya que arrepentirse, que alguien pueda herirlos, sin poder defenderse, quedar embarazada, o encontrarse en algún lugar, sin saber cómo regresar.

Trabajos con jóvenes en grupos de tamaño limitado, con tiempo suficiente, permitieron a los investigadores concluir que la solución no pasa por los sermones, las prohibiciones, o las campañas o las charlas de los especialistas, ninguna de estas actividades parecieron tener impacto en los adolescentes. Una situación que no sorprende a los expertos en adolescencia, que saben desde hace mucho que la lógica de éstos, no es la misma del adulto y operan aquí diferencias significativas, como que el adolescente está convencido que lo que les pasa a los otros no tiene porqué sucederles a ellos, debido a su fundamental individualidad.

La ruta viable, sugerida por los mismos trabajos de grupo, es desarrollar acciones reflexivas en donde se produzcan conversaciones sobre sus preocupaciones, sus prácticas de autocuidado y del cuidado hacia otros. Son esas la instancias faltantes en una sociedad que ha limitado el contacto sincero y profundo entre las personas, por el predominio de los bienes materiales que requieren de casi todo el tiempo disponible por parte de quien los busca, muchas veces no hay contacto de esa naturaleza donde más hace falta: en el imprescindible ámbito del hogar.

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