Capturas de la cuota anual cayeron de 60% a un 28%. Trece barcos en altamar siguen sin resultados dicen Pescadores Industriales del Biobío. Ferepa pide priorizar criterios técnicos.
De acuerdo con informes de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y comunicados emitidos tanto por la Pesca Industrial y Artesanal de Biobío, que incluyen a diversos sindicatos del rubro, las capturas de la cuota anual de jurel cayeron de un 60 a un 28%, aproximadamente.
De ahí que la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) se encuentre monitoreando la situación. De extenderse en el tiempo, aseguran desde el sector, podría causar impacto en el empleo, en las plantas de proceso y en toda la cadena productiva asociada tanto a la pesca industrial como artesanal.
“Sabemos que este tipo de fenómenos responde a múltiples factores. Entre ellos, las variaciones oceanográficas y los efectos asociados al fenómeno de El Niño, como una temperatura del agua levemente mayor a lo normal, lo cual pudiera influir significativamente en el comportamiento, desplazamiento y disponibilidad del jurel, generando escenarios complejos para el sector”, explicó el subsecretario de Pesca y Acuicultura, Osvaldo Urrutia.
La autoridad agregó, que una de las mayores preocupaciones es la inquietud de trabajadores, pescadores, empresas y familias que dependen directamente de esta actividad económica, particularmente en una región donde la pesca tiene una relevancia histórica, social y productiva.
Las primeras alertas sobre este fenómeno aparecieron en febrero de este año, cuando los barcos detectaron una menor presencia de este recurso en las zonas habituales de pesca, donde hubo hallazgo de la especie, pero con menos talla de lo acostumbrado.
“Hemos conocido que en las últimas horas se ha registrado aparición de jurel en la Isla Santa María con un tamaño adecuado. Sin embargo, vamos a seguir muy atentos a este tema hasta que se estabilice de manera sostenida y no sea sólo una eventualidad. Porque tenemos que resguardar la actividad productiva y mitigar, en la medida de lo posible, los efectos que esta situación pudiera generar sobre el empleo y las comunidades vinculadas al sector pesquero”, expresó el subsecretario Urrutia.
Gremios
Desde la pesca industrial del Biobío indicaron a través de un comunicado que la migración del recurso asociada a anomalías oceanográficas y altas temperaturas del mar mantiene al 80% de la flota industrial en puerto y genera creciente preocupación por el empleo en la cadena pesquera regional.
De acuerdo con el gremio, el fenómeno estaría relacionado con anomalías oceanográficas y temperaturas del mar más altas de lo habitual, situación que habría provocado la migración del jurel fuera de los caladeros históricos de captura.
Según Pescadores Industriales de Biobío actualmente son 13 los barcos industriales buscando pesca: 4 al norte hacia Pichilemu y 9 hacia el sur en la zona de Quidico. Según informaron desde el gremio, en estos días solo una embarcación realizó desembarque con jurel en la región, registrando 80 toneladas.
En este contexto, la presidenta del gremio industrial, Macarena Cepeda Godoy, comentó que, “el Jurel adulto o en condiciones de captura no está mar adentro, solo el sector artesanal ha observado pulsiones de pesca de buena talla dentro de las 5 millas y en zonas muy acotadas, cerca de la Isla Santa María y Lebu, lo que mantiene una cuota de captura a nivel nacional que no supera el 30%”.
La misma representante gremial que compañías pesqueras han recibido materia prima en sus plantas a partir de las capturas realizadas por el sector artesanal, pero que esto no representa en ningún caso un flujo normal de producción, ni apunta a la generación de alimentos para consumo humano.
La organización aseveró además que los tracks de navegación han sido definidos según las recomendaciones científicas del Instituto de Investigación Pesquera, sumado a la experiencia de los capitanes. “Nuestros esfuerzos permanecen en abordar otras zonas en la navegación y seguir tras la pista de este recurso pesquero que es fundamental para nuestra actividad y para miles de personas que trabajan directamente en la pesca industrial, sobre todo en la región del Biobío, zona donde se concentra la mayor cantidad de desembarques del país y que es conocida como la capital mundial del jurel”, explicó la ejecutiva gremial.
Pesca Artesanal
Por su parte, desde Ferepa Biobío, esperan que el monitoreo que está desarrollando Subpesca respecto de la menor presencia de jurel en la Región del Biobío se lleve a cabo bajo criterios técnicos y objetivos, considerando además información recopilada directamente desde la operación efectiva de la flota artesanal y las actuales condiciones oceanográficas.
En línea con lo anterior, Cristian Arancibia, presidente de la organización afirmó que “entendemos que existe una disminución en la disponibilidad del recurso en determinados sectores y períodos, situación que debe ser observada con especial atención. No obstante, estimamos que resulta prematuro instalar una narrativa de crisis pesquera estructural respecto del jurel. La pesca artesanal del Biobío continúa desarrollando sus actividades con normalidad y las operaciones se mantienen activas en distintos puntos de la región”.
El líder de la pesca artesanal insistió en que les preocupa, que la discusión pública en torno a una eventual “crisis del jurel” comience a configurarse “más como una estrategia comunicacional que como una realidad científica debidamente acreditada. Las variaciones en la distribución del recurso constituyen fenómenos que deben ser analizados con responsabilidad técnica y evitando interpretaciones alarmistas”.
“Como organización, esperamos que cualquier medida futura sea adoptada sobre la base de evidencia científica sólida, monitoreo permanente y diálogo directo con el sector artesanal. En caso de persistir una disminución sostenida del recurso, solicitaremos al Gobierno fortalecer los mecanismos de seguimiento biológico y oceanográfico, evaluar medidas de apoyo focalizado para lis afectados y garantizar que las decisiones de administración pesquera consideren adecuadamente la realidad operativa de la pesca artesanal del Biobío”, manifestó Arancibia.
“Desde la Federación estamos en alerta, bastante preocupados por la situación del jurel, que recordemos es el recurso estrella de la región, Capital Mundial del Jurel. Acá las plantas de proceso de consumo humano son 100% de jurel, lo que nos está conduciendo prácticamente a una crisis”, señaló Juana Silva, presidenta de la Federación de Sindicatos de Trabajadores de las Plantas de Proceso de la Industria Pesquera del Biobío (Fesip).
La dirigenta sostuvo que la disminución del recurso amenaza avances laborales alcanzados en los últimos años. “A través de negociaciones colectivas hemos ido mejorando el trabajo digno y formal. La baja de este producto se traducirá sin duda en inestabilidad laboral si la situación no cambia prontamente”, afirmó.
Juan Carlos González, presidente del Sindicato de Patrones de Pesca Industrial del Biobío, expuso que, pese a la compleja situación, desde el sector embarcado llaman a mantener cautela y recuerdan que la industria ya ha enfrentado episodios similares asociados a fenómenos climáticos. “Este fenómeno ya lo tuvimos en 2015 y fue por motivos meteorológicos. Tenemos un Niño que está afectando a todas las pesquerías, no solamente del cono sur”.
La investigadora del Departamento de Oceanografía de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas (FCNO) de la Universidad de Concepción, Sandra Ferrada Fuentes, fue invitada a exponer los resultados de su proyecto FIPA Nº2023-18 “Genómica poblacional para el manejo pesquero del jurel del Pacífico Sur Oriental” en el II Taller Nacional sobre la Pesquería del Jurel, realizado en agosto del año pasado en las dependencias de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) en Valparaíso.
Su presentación entregó evidencia científica de vanguardia sobre la estructura poblacional del jurel, un tema central en la discusión sobre las estrategias de manejo sostenible. Utilizando tecnologías genómicas, la investigación analizó más de 500 muestras de jurel de Chile, Perú y Nueva Zelanda, confirmando una alta conectividad genética entre las poblaciones de la costa sudeste del Pacífico.