El 18 de octubre de 2019 el país observaba por televisión una serie de manifestaciones en Santiago, las cuales se asociaron, al principio, en la acumulación de malestar colectivo durante décadas, pero cuyo gatillante conocido y exhibido a nivel público fue el alza en el boleto del Metro.
Fuera de todo cálculo, el sábado 19 de octubre esto se replicó en Concepción. Se inició con una pequeña convocatoria que pasó por el centro de Concepción y que llegó a Avenida Prat, en plena Plaza España.
Ahí hubo enfrentamientos entre asistentes y Carabineros. Lo que se veía, hasta entonces, como una marcha aislada, terminó siendo el inicio de movilizaciones que se extendieron durante meses.
“La evidencia expuesta por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2012) sobre esta materia, en su estudio sobre Protesta Social en América Latina, plantea que en los países más desiguales y con altos índices de desconfianza interpersonal y en las instituciones (como es el caso chileno), hay una mayor propensión a que se desaten acontecimientos como los iniciados el 18/O, con episodios que involucran protestas masivas y violencias de diverso origen”, sostiene un artículo de este medio de la edición del 15 de diciembre de 2019, firmado por los investigadores Rodrigo Ganter y Óscar Basulto.
“El informe “World Protests 2006-2013”, realizado en 84 países, muestra como a partir del año 2010 las protestas se intensifican, identificando cuatro grupos de causas: justicia económica (488 episodios); crisis políticas y del modelo de democracia (376 episodios); resistencia frente a organismos internacionales o tratados de libre comercio (311 episodios); defensa de los derechos humanos y a los bienes comunes (302 episodios). Así, el caso chileno no constituye una excepción o anomalía en el contexto global y Latinoamericano”, agrega el archivo.
Lo demás es conocido: personas heridas; inmobiliario público y privado destruido; toque de queda con militares en las calles. Eso y mucho más marcó durante meses, hasta entrada la pandemia de 2020, al Gran Concepción.
Hasta hoy se expresan esquirlas o divisiones respecto de lo que fue dicho episodio en el país. Para algunos vinculado a la delincuencia y violencia, para otros, asociado a demandas legítimas por inequidades económicas en nuestro país. En suma, una herida que aún está abierta.