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UdeC: la configuración de la ciudad universitaria

Enrique Molina, el primer rector de la UdeC, fue quien hizo imperar (luego de un viaje por Estados Unidos) la noción de la “ciudad universitaria” que comenzó a levantarse muy de a poco en los terrenos que se compraron en 1923 en la esquina de Paicaví con Chacabuco, como recuerda el profesor Jaime García Molina en su libro “El campus de la Universidad de Concepción”.

Por: Ximena Valenzuela - Panorama UdeC | 22 de Mayo 2019
Fotografía: Cedida

Caminar por el campus de la Universidad de Concepción, UdeC es dar un paseo por la historia de un sueño iniciado por Enrique Molina, el primer rector del plantel, que tras visitar en 1919 los principales centros estadounidenses impulsó la creación de la ciudad universitaria.

Tras la compra de los terrenos del sector llamado La Toma y otros aledaños, que se realizó entre 1923 y 1925, se dio paso al diseño y la planificación del campus, realizada por el urbanista Karl Brunner, trabajo más tarde modificado por Emilio Duhart y ejecutado entre 1957 y 1967.

Un poco de historia

Enrique Molina, el primer rector de la UdeC, fue quien hizo imperar (luego de un viaje por Estados Unidos) la noción de la “ciudad universitaria” que comenzó a levantarse muy de a poco en los terrenos que se compraron en 1923 en la esquina de Paicaví con Chacabuco, como recuerda el profesor Jaime García Molina en su libro “El campus de la Universidad de Concepción”. En ese momento, como lo explica el mismo texto, la casa principal de la UdeC se encontraba en O’Higgins 850, donde funcionaban los cursos de Farmacia y Química Industrial.

En 1927 comenzaron los trabajos de construcción del que sería el primer edificio del campus, la magnífica escuela Dental, que se ubicaba en la esquina de Paicaví con Chacabuco. Dicha construcción es calificada por el profesor García como “ecléctica”, debido a que en ella se fundían elementos neoclásicos, del modernismo y otros. Poseía un impresionante hall con balaustrada y un techo de vidrio. Lamentablemente, este edificio quedó severamente dañado tras el terremoto de 1960 y un mes después un incendio destruyó todo el frontis, debido a lo cual se tomó la decisión de reconstruir en el lugar una Casa del Arte (que hoy día aloja el mural Presencia de América Latina). La parte trasera, que se logró salvar, aloja actualmente al Departamento de Artes Plásticas.

Siguen las construcciones

Mientras la escuela Dental se estaba construyendo (fue entregada en 1929) comenzaron otras dos edificaciones. La primera de ellas fue la actual Facultad de Ciencias Químicas (Química industrial, en ese tiempo) que inició su levantamiento en 1929 y que poseía un diseño más modesto que el anterior, entre otros motivos porque la construcción de la escuela Dental fue muy compleja, debido a los problemas con que los ingenieros se habían topado en los suelos, que debieron ser drenados muchísimas veces a fin de desecarlos.

Escuela de Dentistas

Pese a lo anterior, el Edificio de Cs. Químicas sigue poseyendo una belleza muy especial, que se expresaba entre otras cosas en su hall con forma de medio hexágono, el particular acceso que poseía desde el campus (una escalera formando un arco) y muchos otros detalles, varios de los cuales son propios del Art Déco, y fueron incorporados entre 1933 y 1935. Este edificio resultó destruido en gran parte luego del incendio que le afectó tras el terremoto del 27 de febrero de 2010.

Pero volvamos a fines de los años 20 y principios de los 30. Pese a que la crisis financiera mundial ya estaba desatándose, en esas mismas fechas se iniciaron los primeros trabajos destinados a erigir el que quizá sea uno de los edificios más hermosos y particulares del campus, el Pabellón de Anatomía (actual Departamento de Anatomía Normal y Medicina Legal), que se ubica en una suerte de diagonal a los demás, debido a que por entonces calle Víctor Lamas atravesaba lo que actualmente es el campus y desembocaba cerca de donde hoy está la Casa del Deporte, por lo cual se siguió ese trazado (que inicialmente era un sendero peatonal). El profesor García señala en su libro que en este edificio también pueden descubrirse influencias del Art Déco, muy en boga en esa época. Si se le observa con atención, se verá que este edificio -terminado en 1934- posee amplios espacios interiores, un vitraux en su techo y formas redondeadas en sus naves secundarias, circularidad que es propia de este movimiento decorativo de origen francés.

Los edificios gemelos

Luego vendrían los edificios “gemelos”, Cs. Naturales y Farmacia, ubicados frente a frente en la avenida Enrique Molina, y cuyas fachadas son iguales, aunque por dentro presentan grandes diferencias. El primero de ellos, que aún hoy lleva grabado en su frontis su antiguo nombre de Instituto de Biología General, fue puesto en funciones en 1934, muy poco después de Anatomía, y se encuentra -dice Jaime García- influido por la expresión del movimiento moderno, de líneas puras.

Y en efecto, es un edificio robusto y que luego de anunciarse con dos columnas, da acceso a un hall pequeño, que remite de inmediato a una escala que asciende y (a mano izquierda) hacia el impresionante auditorio semicircular que posee. Por el frente se emplaza la Facultad de Farmacia, que se levantó en 1936, y que tiene como particularidad un amplio hall semicircular, flanqueado por una escalera adosada a la muralla que, en forma bastante señorial, recorre el muro como si fuera una arteria a un brazo. Según detalle el libro de García, todo ello, junto con los ventanales curvos, el balcón del segundo piso con sus barandas muy bajas, las ventanas ojo de buey, son elementos de una arquitectura tipo Stream Line (tipo barco). En 1933, en tanto, se comenzó a desarrollar el proyecto de la Facultad de Cs. Jurídicas y Sociales, que implicó la construcción de un edificio con un hall central de toda la altura del volumen, como señala el profesor García, incorporando además innovaciones como ventanas en los ángulos. En 1934, en tanto, partió la edificación de la actual Facultad de Humanidades y Arte, que también incorpora los elementos cilíndricos ya antes vistos, y que en este caso se expresan en su biblioteca, cuya pared exterior es hoy día uno de las primeras visiones que se posee del campus cuando se ingresa a éste, desde calles Edmundo Larenas o Víctor Lamas.

Compendio de estilos e historia

“En el campus universitario se puede leer parte importante de la historia de la arquitectura de Concepción, reflejando diversos lenguajes y formas arquitectónicas, desde una visión ecléctica a fines de 1920 a la modernidad de fines de 1950, pasando por el racionalismo y otras expresiones”, afirma Leonel Pérez, decano de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía (Faug), de la UdeC.

Destaca además que la creación de la UdeC no sólo es relevante por su arquitectura, que forma parte de la memoria colectiva de la ciudad y porque por años fue el único recinto de su tipo en el país, sino también porque fue estratégica para el progreso del sur de Chile.

Pérez explica que estos edificios han trascendido porque además de su valor arquitectónico, también poseen un inmenso valor constructivo, ya que al ser emplazados en un suelo muy malo, es muy probable que hayan sido sobrediseñados. De hecho, esa es una hipótesis nada arriesgada, señala, agregando que la idea de que la mayoría de ellos sobrevivieran los terremotos de 1939, 1960 y 2010 (aunque no los incendios) puede explicarse perfectamente por los estrictos estándares de construcción que deben haber aplicado los arquitectos, teniendo en cuenta la naturaleza del suelo, y ello además “posee un simbolismo muy grande, pues gracias a ello mantenemos incólumes aquí estas verdaderas cajas del saber, estas instituciones que albergan conocimiento, y que han resistido los embates de la naturaleza”, precisa el académico. “Para entender el valor patrimonial de los edificios, es necesario saber que esta primera etapa de construcciones yo la entiendo como muy ad hoc al contexto nacional e internacional en términos arquitectónicos. Hay que recordar que el Chile del centenario de la República fue austero, pero a nivel arquitectónico se vivía una verdadera revolución en Europa, debido a la existencia de tres vanguardias: la rusa, muy constructivista; el grupo holandés de Stijl (estilo) y el Bauhaus alemán, los que proponían una renovación total de la arquitectura, un romper con el pasado que, entre otras cosas, pretendía abandonar la ornamentación”. De acuerdo a lo que señala Pérez, en ese momento en Chile la mayoría de los proyectos se resolvían en la forma clásica, con algunas influencias intermedias como el Art Déco o el Art Noveau, pero ello comenzó a cambiar cuando se impuso el llamado modernismo arquitectónico, que es una conjunción de las escuelas rusa, holandesa y de Bauhaus, y mucho de ello se puede ver en los edificios de la primera etapa de la UdeC.

La opinión de los expertos

Como una obra maestra del diseño y paisajismo urbano califica el campus el arquitecto y doctor en Patrimonio, Pablo Altikes, que a su juicio refleja “el alma de la universidad desde el Arco de Medicina hasta la Biblioteca como remate”. A su juicio, “el edificio más importante hoy es la Biblioteca proyectada por Emilio Duhart y Roberto Goycolea; otro de gran valor es el de aulas, llamado Platillo Volador, de Gonzalo Rudolphy”.

Debido a la gran variedad de estilos que presentan los edificios del campus de la UdeC, que van desde el estilo neoclásico y art decó en el caso de los primeros, pasando por estilos del tipo Bahaus, Racionalista y Modernista, para Bernardo Suazo, arquitecto a cargo de la Unidad de Estudios y Proyectos de la Faug, es difícil determinar cuál sería el más importante, pues, a su juicio, no son comparables.

“Quizás los más emblemáticos podrían ser el Arco de Medicina, hoy Facultad de Ciencias Biológicas, porque constituye la gran puerta de la Universidad y marca el inicio del eje principal de acceso a la misma”.

Agrega que el Campanil no sólo es símbolo de la UdeC, sino que de la ciudad y relevó también en esa categoría a la Casa del Arte, que alberga uno de los murales más valiosos de Latinoamérica, construido con aportes del gobierno mexicano luego del terremoto de 1960, y la Biblioteca Central que, a su juicio, constituye el remate del principal eje del campus, de estilo modernista.

Altikes comenta que la UdeC es un orgullo de planificación urbana, de una universidad moderna y participativa, que entrega su espacio privado a la ciudad.

En tanto Pérez, que reconoce el desarrollo arquitectónico de la UdeC en su conjunto, asevera que una de las obras destacadas “es el Foro, conjunto de plazas dispuesto al pie del Campanil existente, que simboliza al mismo tiempo el corazón de la universidad y a su comunidad”.

A juicio de los expertos, el campus constituye un lugar en permanente evolución y cambio, que se construye día a día desde 1921 a la fecha. De hecho, para Bernardo Suazo es muy posible que el campus cambie su fisonomía y se extienda hacia los cerros junto al Parque Científico y Tecnológico (Pacyt), adaptándose a nuevas realidades sin perder su historia y origen.

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