La mayoría de los síntomas que pueden presentar los afectados por la catástrofe son normales y esperables, aunque entre el 2 y 3% de la población puede requerir una intervención más específica con medicamentos o psicoterapia.
La mayoría de los síntomas que pueden presentar los afectados por la catástrofe son normales y esperables, aunque entre el 2 y 3% de la población puede requerir una intervención más específica con medicamentos o psicoterapia.
Ximena Valenzuela Cifuentes
ximena.valenzuela@diarioconcepcion.cl
"El tsunami no sólo se llevó mi casa, también a mi nieto, Martín de cinco años. Los días siguientes al tsunami sólo quería llorar. Creí que era normal, tenía pena, pero me dio taquicardia y no podía comer. El médico me dijo que tenía una crisis de angustia, tomé remedios por más de un año", recordó la dichatina María Jiménez.
Como Jiménez son cientos de personas las que, tras situaciones extremas como el terremoto de 2010 y los actuales incendios forestales, sufren angustia y estrés.
Según un informe emitido por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), tras la catástrofe de 2010 entre el 30 y el 50% de la población expuesta a un evento de dichas características presenta reacciones psicosociales como: distrés subclínico, estrés agudo, trastorno post traumático y depresión mayor. Además, reveló que tras el sismo aumentó el consumo de alcohol y drogas, depresión mayor y somatización.
Ante la angustia y la incertidumbre que están generando los incendios, muchos de ellos intencionales, la Seremi de Salud reunió a sus especialistas en salud mental para enfrentar el tema en terreno. El Servicio de Salud Talcahuano fue destinado a Primera Agua y Villarrica en Penco y una unidad móvil atiende en el área rural, mientras que el Servicio de Salud Ñuble llegó con clown terapéutico para apoyar a menores.
Hasta ayer en la Provincia de Concepción han sido atendidas 97 personas, entre adultos y niños. Sólo en Florida suman 31 personas, nueve niños, 15 adultos y siete adultos mayores.
El seremi de Salud, Mauricio Careaga, explicó que entre las manifestaciones de salud mental alterada, que requerirían de inmediato atención, están las crisis de pánico, ideas de suicidio, uso excesivo de alcohol o drogas, manifestaciones de violencia.
"Los afectados deben buscar compañía, hablar de lo sucedido, mantenerse ocupados, de tal forma, que realicen cosas que le hagan sentir bien, útil y solidario, fortaleciendo los vínculos", dijo el seremi y, agregó que es importante aceptar la irritabilidad o tristeza de los afectados.
En el caso de los niños solicitó promover para ellos un ambiente de confianza, que puedan desahogarse y que los adultos les expliquen en palabras simples lo que ocurrió, sin hacerles promesas poco realistas.
Andrea Salgado, encargada regional del programa de Salud Mental, detalló que en menores pueden presentarse síntomas como: dolor de estómago, alteraciones en la alimentación, concentración y sueño, sobresalto frente a ruidos, llanto sin motivo, irritabilidad, miedo, juegos relacionados con la emergencia.
"En adultos son esperables nerviosismo o angustia, culpar a los demás, tristeza o llanto, frustración, sentimiento de impotencia, insomnio, irritabilidad, disminución de la capacidad de trabajo y recuerdos vívidos del evento", agregó.
A sus 73 años, Julián Cortés, creía que su verano sería tranquilo y regaloneado con las nietas en su campo, ubicado en el sector San Antonio de Florida, pero el fuego todo lo cambio. "Es terrible. Me siento desesperado, desde que partieron los incendios no hemos dormido casi nada, vigilando que ningún malo de la cabeza venga a quemarnos la casa por lo que hemos luchado toda la vida", dijo.
David Provoste, jefe de Psicotrauma del Servicio de Salud Concepción, aseveró que desde el miércoles pasado los equipos están trabajando en Florida, Hualqui y Chaimávida para que la gente sepa enfrentar la catástrofe: falta de luz, agua y sus comodidades, lenta llegada de ayuda. "Es esperable que en la primera fase de la catástrofe se presenten muchos síntomas emocionales, como la angustia, pero que son normales (…) se les explica para que entiendan lo que puede pasar. Sólo entre 2 y 3% de los afectados por una catástrofe puede cursar con síntomas que no se consideran normales".
Por el momento, según Provoste, no existe un estallido de consultas, pues la mayoría de los afectados están en fase de alerta, con un alto grado de estrés, enfrentando la catástrofe, pero que luego de pasada esa fase aumentarían. "Ahí habrá que tener el ojo entrenado para detectar a las personas, que son las menos, que cursarán con síntomas anormales y que habrá que intervenirlas de una forma más específica".
Atención con trabajadores
Las emergencias como la vivida en los últimos días no solo pueden producir un estrés importante entre la comunidad afectada, sino también entre los Bomberos, brigadistas y voluntarios que llegan a asistirlos. Los primeros síntomas de ello son: fatiga, pérdida del apetito, falta de sueño, inquietud constante y dolor de cabeza.
A esas complicaciones se puede agregar alzas de presión arterial, ser más susceptible a resfríos o infecciones y, cambios en hábitos de consumo de tabaco, alcohol y psicofármacos.
Para evitar dichas manifestaciones, el Minsal solicita que hagan pausas en sus labores de, a lo menos, 15 minutos, que descansen y pidan ayuda si se sienten sobrepasados.