Un espacio con juguetes, libros y lápices ha permitido facilitar las largas esperas y la actitud frente a sesiones de decenas de niños y niñas a diario.
Por distintas causas y provenientes de distintos puntos de Biobío, algunos a horas de distancia de Concepción, a diario decenas de niños y niñas asisten a terapias de rehabilitación en el Hospital Clínico Regional Guillermo Grant Benavente (HGGB), en box ubicados en el subterráneo.
Para la mayoría las jornadas son extenuantes, algunos asisten a varias terapias en un día y tienen distinto nivel de dolencia, además son procesos con varias sesiones. Y largas y complicadas pueden ser las esperas, mezclándose aburrimiento, temores y ansiedad que luego puede dificultar las atenciones.
Así lo percibían los integrantes del Área de Medicina Física y Rehabilitación Infantil. Y supieron que debía cambiar y podían hacerlo. Y hace cerca de dos meses, por propia iniciativa del equipo y con sus donaciones, se pudo habilitar una sala de espera especial para acoger y dar bienestar a pacientes, con juguetes, libros y colores.
La doctora Catalina Peña, coordinadora del Área de Rehabilitación Infantil, expuso que características y requerimientos de niños y niñas ante una situación como esperas a terapias son distintas a las de una persona adulta que sabe que debe llegar y esperar su turno, y poseen herramientas para gestionar el aburrimiento, por ejemplo.
Así nació la idea de la sala de espera. Y afirmó que su implementación se ha traducido en más juego, diversión, risas y calma, y menos malestar, llantos y ruidos molestos desde la sala de espera hasta las sesiones, porque mejora la actitud y facilita las terapias.
“Los papás cuentan que sus hijos vienen con más ganas, ya no lloran en la sala de espera, no están tan ansiosos e ingresan a las sesiones más tranquilos que antes”, precisó Gabriela Morales, coordinadora de kinesiología infantil.
La mejora se percibió inmediato por las familias. Madelaine Osorio, quien lleva a su hija a kinesiología, destacó que “antes era un área oscura, pero ahora cambió, a mi hija le gusta y siempre lo usa”. Allison Marinao, quien viaja cada 15 días desde Cañete a controles con su hija, relevó que “antes los niños sólo estaban mirándose entre ellos o con el celular, ahora juegan juntos”.
Para mejorar la espera y bienestar de pacientes de 0 a 15 años, el equipo espera optimizar condiciones del lugar, como la iluminación. Mientras, están abiertos a recibir donaciones como juguetes, libros y lápices en buen estado.