Diario Concepción Radio UdeC TVU Noticias La Discusión
Ciencia y Sociedad

Consciencia social será motor para reducir pérdidas y desperdicio de alimentos en Biobío y Ñuble

Grupo de la UdeC campus Concepción y Chillán abordará a nivel local un problema global desde la sensibilización para un consumo responsable. Cada año miles de millones de kilos de comida terminan en basureros chilenos, botando recursos naturales, humanos y económicos, mientras demasiadas personas luchan contra el hambre y el planeta soporta graves crisis.

Por: Natalia Quiero 07 de Julio 2025
Fotografía: Contexto

Mientras millones de personas luchan contra el hambre en el mundo, millones de kilos de comida terminan en la basura cada año.

Cerca de un tercio de los alimentos se pierden o desperdician, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO); equivale a 1.300 millones de toneladas anuales a nivel mundial y para Chile se estiman 3.700 millones de kilos al año.

Un fenómeno que se traduce en impactos ambientales, económicos y sociales a toda escala, hasta los hogares. Y su solución es parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que estableció la ONU lograr en 2030 para asegurar la prosperidad de la humanidad y el planeta en crisis climática y ambiental, siendo en total son 17 con varias metas específicas, el 12 es de “producción y consumo sostenibles” y su tercera meta es reducir la pérdida y desperdicio de alimentos.

En ese contexto global un grupo de especialistas de la Universidad de Concepción (UdeC) campus Chillán y Concepción se unió para abordar la problemática en Biobío y Ñuble e impulsar el desarrollo sostenible y bienestar local. Es el proyecto “Compromiso UdeC para la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos”, financiado por la Vicerrectoría de Relaciones Internacionales y Vinculación con el Medio (VRIM) con dos años de ejecución de reciente inicio oficializados con una actividad reciente.

Proyecto de impacto social

Profesionales de la Facultad de Agronomía, Facultad de Farmacia y el Centro de Vida Saludable de la UdeC trabajan en una iniciativa que apuesta por educar y concienciar a la sociedad para fortalecer la sostenibilidad y seguridad alimentaria en Ñuble y Biobío.

Queremos promover iniciativas de difusión para sensibilizar y crear conciencia social para reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos en las dos regiones”, releva la doctora María Dolores López, académica de la Facultad de Agronomía y coordinadora del proyecto VRIM.

Para lograr ese objetivo, que debe trascender al desarrollo del proyecto, habrá distintas acciones.

Por un lado, destaca que se va a fomentar un sistema de voluntariado para apoyar especialmente a ecomercados y microbancos de alimentos de ambas regiones para recuperar excedentes alimentarios y facilitar procesos logísticos desde la recepción a la distribución.

Además, cuenta que se formará en el fenómeno y su abordaje a través de asignaturas de pregrado de las carreras de Agronomía, y Nutrición y Dietética. También se avanzará en trabajos de investigación para ampliar conocimientos y crear soluciones.

Y para abordar las distintas aristas del proyecto se diseñó una plataforma digital alojada en la página web del Centro de Vida Saludable.

“Donde más se pierden o desperdician alimentos es en los hogares”

Con mirada de futuro, el propósito transformador es que la sociedad comprenda cómo se configura e impacta la pérdida y desperdicio de alimentos. Entonces, se fortalecerá la gestión y ahorro de recursos naturales, humanos y económicos usados en la producción, suministro y consumo.

La académica María Dolores López explica que la problemática ocurre en toda la cadena. Desde el campo en que se producen frutas y vegetales hasta el hogar, pasando por mercados y restaurantes, se echan a perder y botan productos que pueden o pudieron ser fuente de nutrición y bienestar, y se tira lo que costó obtenerlos.

Todo lo que producimos y no usamos como alimento es una gran pérdida”, advierte.

Para producir un alimento se ha degradado un suelo, se han usado insumos que han costado dinero, se ha usado energía, agua y recursos naturales”, detalla sobre un proceso productivo que tiene huella ambiental, por ejemplo con emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), que también se genera en el suministro y consumo. Además, hay merma directa a la economía personal/familiar, y cuando un producto se bota continúa la emisión de GEI y otros efectos.

Valoración y solución

Son diversas las causas, desde descarte de frutas, verduras y hortalizas porque no tienen la forma o tamaño deseable para exportar, venta o consumo, hasta descomposición de alimentos que no alcanzaron a ser vendidos o consumidos.

En este sentido la investigadora plantea que “se sabe que donde más se pierden o desperdician alimentos es en los hogares”.

De hecho, un estudio de la Universidad de Talca reveló que en Chile más del 26% de personas/familias compran más alimentos de lo necesario, 95% considera normal botar comida acumulada en el refrigerador, y de forma individual se podrían ahorrar hasta $200 mil al año si no se desperdiciaran los alimentos.

Entonces, para solucionar tan grave problema hay que partir por concienciar al núcleo básico de la sociedad.

El principal mensaje de la doctora López es que “un alimento debe serlo el máximo tiempo posible, para humanos primero y luego animales, y finalmente hay que valorizarlo con otros usos como compost”.

La clave y desafío está en valorar al alimento como fuente de nutrición y bienestar más allá de la apariencia: no porque la cáscara de una fruta esté dañada está mala, si una parte se deterioró queda para aprovechar, hasta como desecho sirve.

También releva como crucial “aprender a comprar y preparar los alimentos para no tirar nada a la basura”. Como estrategias básicas está comprar y cocinar según la cantidad que se consumirá en un periodo según la vida útil y caducidad de alimentos. Al comprar o cocinar más hay que saber que se puede conservar con métodos como congelar. Y conocer diversos usos de un alimento es clave para aprovechar al máximo.

Se suman acciones de supermercados y mercados o el quehacer bancos de alimentos, ya sea reduciendo precios de productos deteriorados o gestionando su recepción y distribución en comunidades que los aprovechen.

Etiquetas

Notas Relacionadas