Señor director:
Durante el 2018 hubo varios acontecimientos lamentables que aumentaron el daño a la confianza en las instituciones. El fraude en Carabineros y la muerte del comunero mapuche Camilo Catrillanca son dos de los hechos más negativos del año que está por acabar. Pero debemos sumar la polémica por los viáticos y beneficios de los parlamentarios, situaciones que siguen profundizando la desconfianza y desapego de la ciudadanía frente a distintas instituciones que son fundamentales para que un país funcione bajo el imperio del Estado de derecho.
Dentro de lo negativo no se puede dejar de mencionar la fricción y tensión que siguen ocurriendo en la Araucanía y, aun cuando hay que reconocer el esfuerzo del Gobierno con el “Plan Araucanía” y la gestión del ministro Alfredo Moreno, la solución a siglos de problemas con nuestros pueblos originarios está bastante lejos de llegar.
No obstante, en 2018 también hubo hechos positivos que debemos destacar. Lo primero es el macizo fallo de la Haya en el juicio con Bolivia, el que, al favorecer ampliamente la postura chilena, obliga a Bolivia a replantearse la forma en que se relaciona con Chile. También cabe destacar el intento del Gobierno de Sebastián Piñera de establecer cinco mesas de trabajo transversales en temáticas relevantes, buscando generar soluciones de Estado a problemáticas sociales de nuestro país.
Por último, dentro de lo positivo, vemos que el rol de la ciudadanía sigue siendo cada vez más activo. Hoy las personas, a través de formas de participación no formales como las redes sociales, han construido una especie de inquisición para nuestra clase dirigente bastante interesante. El desafío hacia el futuro es sacar de la comodidad de sus computadores y teléfonos celulares a esa masa crítica y orientarla para que se construya una sociedad civil más empoderada, de manera de generar una mejor gobernanza y mejores condiciones sociales para nuestro país.
Lucas Serrano Barraza
Académico de Administración Pública
Universidad San Sebastián