Señor Director:
El lenguaje bélico es una forma de comunicación política. Puede ser un arma muy eficaz para generar apoyo y destruir al enemigo. Es comunicación política, pero no democrática. Es excluyente, por cuanto niega la validez del otro.
Cuando en medios y redes sociales impera este tipo de comunicación estamos ante una amenaza real para la convivencia social. Más aun cuando en la ciudadanía hay pérdida de confianza en las instituciones políticas, judiciales y en los organismos de seguridad.
Para bajar el tono de la confrontación política se requieren a lo menos dos condiciones: un lenguaje compartido frente a los acontecimientos que generan la controversia, o mejor dicho, la capacidad de acercarse a la verdad de lo ocurrido, despojada de todo contexto; y la disponibilidad de una o ambas partes a ceder, por lo menos parcialmente, en sus argumentaciones.
Dos asesinatos, el del comunero mapuche Camilo Catrillanca, ocurrido hace pocas horas; y el del senador Jaime Guzmán, hace muchos años, han hecho recrudecer este lenguaje excluyente, poniendo en tela de juicio la responsabilidad de personas e instituciones. La clase política chilena enfrenta un desafío de proporciones. ¿Será capaz de encontrar caminos que bajen el tono de la confrontación o contribuirá a agudizarla?
Jorge Gillies
Académico de la Facultad de Humanidades y Tecnologías de la Comunicación Social Utem