Carta al director

El buen hábito de la lectura

Por: Diario Concepción | 09 de Agosto 2018

Señor Director:

La adquisición y desarrollo del proceso de la lectoescritura es foco de estudio, análisis e investigación a nivel nacional. Se entiende la lectura como una habilidad potente que determina el éxito del desempeño profesional, social y personal, el cual permite el acceso al conocimiento, facilita el aprendizaje y desarrolla la creatividad, pensamiento reflexivo y crítico. Es considerada también un igualador social, acortando la brecha determinada por diferencias socioeconómicas y socioculturales.

Existen algunas inquietudes con respecto a cómo instaurar esta actividad como un hábito, entendiendo que un hábito es una práctica habitual, que requiere motivación y sistematicidad. En este caso particular, requiere facilidad de acceso tanto a espacios determinados para la lectura como a material escrito y prácticas de alfabetismo observables en la familia. Se debe considerar también que, para que una actividad se instaure como un hábito, es necesario que se relacione con un sentimiento de disfrute y satisfacción.

Las políticas pensadas en el fomento lector incorporan acciones a lo largo del ciclo vital, en que se considera que es en la etapa preescolar cuando se fundan hábitos que se mantienen a lo largo de la vida. Es importante entonces que se reconozca que existen habilidades previas requeridas para este desarrollo exitoso, que se pueden estimular en casa con actividades simples dentro de las rutinas diarias de los niños, facilitando la instrucción formal de la lecto-escritura y la adaptación al sistema escolar, garantizando un buen desempeño.

Existen múltiples estrategias ampliamente reconocidas que favorecen el desarrollo lector, algunas de estas son: compartir con sus hijos espacios de lectura, puede ser diez minutos en cualquier momento del día, haciendo una lectura dialógica que implica describir las imágenes del texto, hacer preguntas durante la lectura, incitar a su hijo a continuar la historia, inventar un final, cambiar el título, permita que elija el texto que le gusta, incluso revistas, diarios, libros escolares, también juegue a reconocer el nombre y sonido de las letras, contar sílabas de las palabras, incorporar cada día una palabra nueva explicando su significado, jugar a recordar, por ejemplo, la lista del supermercado, agrupar objetos por características (colores, tamaños, forma, función).

Tenga siempre a disposición hojas, lápices, material concreto, letras movibles, pizarras o cualquier material que le permita hacer trazos, copiar letras. No olvide que toda actividad se enmarca dentro de una situación de juego. Todas las experiencias positivas que el niño tenga frente a la alfabetización temprana, por simples que parezcan, tienen un impacto importante en su desarrollo posterior y más aún si las actividades las realiza junto a un adulto significativo.

Lina Rodríguez Guzmán
Académica de Fonoaudiología
Universidad San Sebastián

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