Carta al director

Chile: ¿País enfermo?

Por: Diario Concepción | 09 de Junio 2018
Fotografía: Archivo.

En la última Cuenta Pública, el actual Presidente Piñera afirmó que “una sociedad en que las familias no quieren tener hijos es una sociedad enferma”. Luego de las apresuradas reacciones mediáticas que tales declaraciones generaron es necesario revisar en profundidad tanto el fondo como la forma de lo planteado para observar si podemos considerar a Chile como un país enfermo o solo nos encontramos ante una aseveración desafortunada.

Si revisamos el Censo 2017 se observa un cambio drástico en el promedio de hijos que las mujeres en edad fértil tienen a lo largo de su vida. Esta paridez media que ya causaba preocupación en el año 2002 situándose en 1.6, hoy no sobrepasa los 1,3 hijos por mujer, coincidiendo con el sostenido declive que sufrimos a nivel de natalidad desde los años 60. Frente a esto, es claro que existen cambios en la conformación de las familias chilenas, gracias a la inclusión de las mujeres en el mercado laboral, la existencia de nuevos estilos de vida, el uso de diversos mecanismos anticonceptivos y nuevas configuraciones en torno al concepto de familia.

Frente a esto ¿De qué debemos preocuparnos realmente? ¿Cómo estos fenómenos afectan al ciudadano de a pie?

Si consideramos que la población chilena envejece cada año y su expectativa de vida es mayor, lo que en muchos casos se traduce en una pesada mochila de gastos, tanto en salud como en pensiones, es probable que el día de mañana se requieran mayores recursos que simplemente podrían no existir si no nos preparamos desde ya. Por tanto, ahí hay un desafío no solo para el gobierno actual sino para la sociedad en su conjunto. Esto se debe visualizar considerando los cambios que se avecinan a nivel mundial en cuanto al crecimiento económico, la innovación y el desarrollo, tal como advierten diversas organizaciones internacionales.

En relación a lo anterior, la afirmación del Presidente menciona el problema pero al hacerlo asigna una connotación moral dudosa al asumir que la sociedad está enferma producto de la baja natalidad, sin considerar que aquel fenómeno es propio de países que se colocan ad portas del desarrollo, donde los sujetos adquieren mayores niveles de autonomía con respecto a sus planes de vida. Comprender esto es clave para que las políticas públicas que sean pensadas a futuro tengan presente los incentivos en torno a la natalidad, el ahorro previsional y también la migración. Esto es esencial no solo para prever eventuales complicaciones, sino para aprovechar las ventajas comparativas de fenómenos ya presentes como la llegada de migrantes, evitando llegar a configurar restricciones a la libertad personal de los ciudadanos bajo los sesgos morales de los gobernantes de turno.

Matías Isla
Fundación Para el Progreso

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