Carta al director

La Antártida y el cambio climático

Por: Diario Concepción | 03 de Marzo 2018

Diversas investigaciones científicas en la Antártida que se vienen realizando por varios países, incluido Chile, desde hace varias décadas,  han detectado cambios significativos en las variables físico-químicas del mar antártico.

Una expedición chilena del Instituto Antártico Chileno que investiga los efectos del cambio climático en esponjas marinas detectó, mediante sensores sumergidos por un año a 10 y 20 metros de profundidad frente a la isla Doumer, aumentos significativos de temperatura, las que alcanzaron hasta 3°C en el verano de 2017; este valor estaba pronosticado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) aproximadamente para el año 2100.  Las temperaturas promedio para un año normal están en el rango 1,2 – 1,6ºC. Los estudios que se efectúan desde la base Yelcho  corresponden al programa del proyecto “Evaluando la utilidad de esponjas antárticas para el estudio del cambio global: Respuestas a nivel individual y de comunidad”, financiado por Fondecyt y liderado por el biólogo marino del Instituto Antártico Chileno, Dr. César Cárdenas.

Los científicos han determinado que las comunidades microbianas pueden ser indicadores de perturbaciones; como generalmente son muy estables, si existen cambios significativos en ellas indicarían que algo está pasando en el ambiente. Según el Dr. Cárdenas, “los organismos bentónicos, que viven en el fondo del mar, son numerosos en las aguas antárticas; las esponjas son abundantes y juegan un rol muy importante en el ecosistema ya que su estructura permite filtrar agua y albergar otros organismos y la reproducción de otras comunidades asociadas”. Por tanto, las esponjas consideradas como los animales más antiguos del mundo, son de gran utilidad para estudiar el cambio climático pues, si se comprueban cambios negativos en las esponjas y sus colonias asociadas, sería indicador de los efectos nocivos del calentamiento global. Podríamos “estar ante un efecto en forma de cascada que afectaría a todo el ecosistema”.

Entre los fenómenos que están ocurriendo en la Antártida está el aumento de la tasa de desprendimiento de icebergs desde los glaciares. En efecto, hemos sido testigos de la destrucción de  la gran barrera de hielo Larsen (llamada así en honor al navegante noruego Carl A. Larsen), de la costa oriental de la península antártica en el Mar de Weddell, a través del desprendimiento de tres grandes placas: la Larsen “A” en 1995, de 3.250 km2 y 200 m de espesor; la Larsen “B”, desintegrada en 2002 y, recientemente, la Larsen “C” desprendida en julio de 2017, la mayor de todas con una masa de más de 1 billón de toneladas y de 5.800 km² de superficie. Este tipo de desintegración está fuera de lo usual, ya que generalmente las barreras de hielo pierden masa por desprendimiento de icebergs mucho más pequeños.

Según los registros de datos y los estudios científicos,  los colapsos más recientes en las plataformas de hielo guardan relación con el calentamiento global, tanto en el Ártico como en la Antártida, ya que la temperatura del agua de mar alrededor de la Antártida ha subido 2,5ºC desde 1950 en esa zona. A modo de ejemplo, la temperatura de las aguas más cálidas cerca del fondo en el Mar de Bellingshausen ha subido desde aproximadamente 0,8ºC en la década de 1970 a alrededor de 1,2ºC en la década de 2010. Puede parecer que no es mucho, pero si lo relacionamos con la enorme masa de agua, se trata de una inmensa cantidad de calor adicional disponible para derretir el hielo. Debido a la dilución por el agua dulce de los derretimientos, el agua del mar alrededor de la Antártida es cada vez menos salada, factor adicional que está afectando a la vida marina.

Todos los hechos y fenómenos descritos nos están indicando que la Antártida está sufriendo cambios irreversibles. Los pingüinos, las focas y  las ballenas que viven en sus aguas, están en peligro. No sólo ya sufren las consecuencias del cambio climático sino que la actividad pesquera industrial aprovecha la desprotección de los mares antárticos para penetrar en su hábitat, extrayendo sus alimentos y amenazando su supervivencia.

La pesca industrial tiene vía libre para extraer el krill, un pequeño crustáceo fundamental en la cadena trófica del ecosistema marino; sin él la vida de todas las especies de la Antártida corre riesgo. Por ello – siguiendo a Greenpeace –  es urgente que los océanos antárticos se protejan prohibiendo las actividades de la pesca industrial, tal como lo describe la campaña en tal sentido iniciada en octubre de 2017, pidiendo a los gobiernos de las naciones antárticas que creen un Santuario Antártico en el Mar de Weddell, adyacente a la Península Antártica, para sumarse a la gran reserva marina existente en el Mar de Ross.

Chile, como país signatario del Tratado Antártico Internacional junto a 23 países miembros de la Comisión del Océano Antártico (CCRVMA), durante el año en curso, tiene la oportunidad histórica de ser líder en la creación de dicho santuario – el área protegida más grande del planeta – para impedir el saqueo del hábitat de las especies mencionadas. Los santuarios no sólo protegen a ballenas y  pingüinos, sino que aseguran océanos saludables que absorben dióxido de carbono y ayudan a combatir el cambio climático.

La propuesta presentada por la Unión Europea será considerada en octubre de 2018 por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR). Por el bien del planeta y su desarrollo sustentable, esperamos que sea aprobada.

 

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC, ambientalista.

Columnista de www.laventanaciudadana.cl

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