Carta al director

Retratos de Aurora: Raya para la suma

Por: Diario Concepción | 30 de Diciembre 2017

Estamos a puertas de empezar un nuevo año, y estas fechas están cargadas de simbolismos y rituales. Que las doce uvas cuando sea medianoche. Que dar la vuelta a la manzana con una maleta para llamar a los viajes. Que un calzón amarillo para el amor, o algo rojo para que no llegue la envidia. Que el abrazo se da en el año nuevo y no antes. Y es acá donde lo invitamos a que siga haciendo la lista de interminables actos de desafío al destino que hemos inventado de generación en generación.

Pero también ésta fecha se suele usar para sentarse y repasar lo vivido. Que lo bueno, que lo malo, que lo hecho y lo desecho. Pareciera ser que uno se sienta frente a una muralla descascarada y desde el proyector de una micro galáctica le muestran nuestra historia. ¡Ah!, disculpa, se nos escapó un recuerdo por el costado del ojo.

Y le decíamos que esta fecha se usa para hacer los balances. Como que si el 1º de Enero empezara algo distinto, que lo que se hizo en marzo, en junio o dos días antes no tuviera consecuencias. Creemos que la vida es un continuo, que somos resultados de la huella que dejamos y de la sombre que pisamos por delante.

Pero si siguiéramos el juego de los rituales establecidos, deberíamos empezar por el principio:

Enero del 2017 nos encontró a diferencia de otros años con proyectos concretos en puerta que nos iban a traer más que una alegría. Llamamos a los vecinos, les pedimos que buscaran entre sus cachureos queridos y se animaran, se metieran a jugar en un taller de magia y fotografía. Y así lo hicieron, y ahí llegaron. Un estuche de acordeón, una cajita de hilos, un lechero, un pedazo de un motor, poco a poco fueron convirtiéndose en cámaras fotográficas.

En febrero, y hasta finales de abril nos concentramos en el Día del Patrimonio. Este año la cosa era distinta, lo mostrado y hecho en un día era consecuencia de un año de trabajo. Y así, ¡Juguemos en la Aurora mientras el puente no está!, era una propuesta lúdica pero a la vez contestataria de la realidad que vivimos.

En mayo comenzamos una relación que lleva meses, que nos enseñó a hablar de otra manera, que nos permitió encontrarnos con nuestras memorias, y al mismo tiempo compartirlas con ustedes. Don Fernando nos da el vamos y la Aurora se hace cronista del Diario Concepción.

Comienzan las lluvias, el frío, los charcos, y pareciera ser que en la pobla son más crueles, más fríos, más húmedos, pero igual seguimos trabajando. Y empezaron a llegarnos las invitaciones para ir a contar a otros lados que la Aurora es grande, es potente, y lo más importante, que no está muerta, que no es un recuerdo. En Agosto es Talca, en donde nos esperaron de Memorias del Mundo con almuerzo y todo. Y una sensación rara: hablamos de la Aurora, de su historia, de la lucha, de los reclamos. ¡Y la gente nos aplaudía! Esta vez no nos agredieron, no nos miraron en menos.

Empiezan los tiempos con más solcito, y como en toda primavera, Septiembre nos trae un montón de pichones nuevos que quieren conocer nuestra historia. Los futuros arquitectos de la Universidad de las Américas nos quieren colaborar a contar la memoria Aurorina desde el teatro Lambe Lambe. Así nacen tres momentos que guardados en sus cajitas quieren salir al mundo.

En Noviembre los pasajes son para Valparaíso, y el Festival Internacional de Fotografía nos presta su casa, nos abre sus ojos. Y esta Aurora, humilde, vieja y cansada les da cátedra de para qué sirve una imagen.

Y sin darnos cuenta nos pilla este Diciembre que siempre parece corto, que pareciera con menos días de los que muestra, o con menos horas de las que marca. Y en medio de la Noche Buena, la Navidad y el Año Nuevo, se nos empiezan a ir los vecinos. Algunos porque quieren, otros porque no quieren y muchos porque no les queda otra. Sí, Querido Lector, parece que todas no pueden ser ganadas, tampoco las consideramos pérdidas, pero son heridas y duelen.

Pero “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”. Y así es con la Aurora, y con nosotros sus hijos. Los muchos nacidos y criados acá, los otros adoptados, porque otra no queda, pero queridos igual. Ya estamos viendo Febrero para festejar nuestros primeros 126 años de vida, pero esto es para otra historia.

¡Muy Feliz Año Nuevo, y hasta el próximo click!

 

Walter Blas

Colectivo de Trabajo “El Retrato de Aurora”

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