Política

¿Para dónde va la izquierda?

Por: Luz María Astorga | 24 de Septiembre 2017
Fotografía: Andrés Oreña P.

Entró en crisis hace ya rato. Cedió espacios en Francia y España. Tensiona al laborismo inglés. Acá, de sus entrañas vio emerger a una fuerza contestaria, radical, que en lugar de confrontar a la derecha se afana por desplazar al padre y a todos los izquierdistas que han seguido la ruta social demócrata, la madre del estado de bienestar que ha cambiado sociedades y vidas, aunque ahora late bajo la sombra del fracaso. ¿Hacia dónde va la izquierda? Cuando el PS desechó a Ricardo Lagos optando por Alejandro Guillier, marcó una huella: rechazo a lo tradicional y repudio a la vieja política… ¿bajo embrujo del populismo? Noticia en desarrollo.

Difícil ser de izquierda en estos tiempos. Y da lo mismo si es en Chile, América Latina o Europa, con escenarios que varían. “Hoy, la izquierda solo sabe decirle a la derecha: ´Cualquier cosa que hagan ustedes, nosotros la hacemos mejor´.  Cuesta distinguir entre gobierno de izquierda y de derecha”, dijo al El País el nonagenario sociólogo y filósofo polaco Zigmut Bauman, muerto en enero pasado, luego de dedicar su vida al estudio de asuntos sociales y escribir 57 libros. Habiendo sido comunista, fue benévolo en su comentario. Otros estudiosos, cientistas y analistas resultan más directos y lapidarios.

“Nuestra gran falla es que no fuimos capaces de armar una gran fuerza política, un gran partido socialdemócrata renovado, que fuera la casa de la izquierda. Hace 30 años, cuando entré al PS, ésa era la idea. Ahí nos agruparíamos todos. Pero no sucedió. El PPD se constituyó como partido permanente. El PC estuvo en otra hasta hace muy poco. Y ha surgido una izquierda extraparlamentaria contestaria que busca desplazar a la izquierda tradicional más que confrontar a la derecha”, asume Carlos Ominami, a semanas de lanzar su libro “Lecciones de izquierda”, donde participaron líderes y ex presidentes de varios países. El ex ministro y parlamentario, ahora presidente honorario de la Fundación Chile 21, hace poco habló de esto con Ricardo Lagos. “¿Qué hicimos mal?, nos preguntamos. No ser capaces de construir una fuerza política sólida”, fue la coincidente respuesta.

Hay mucho más.

Mirando lo sucedido en Chile y el mundo, el independiente José Joaquín Brunner –político y académico que militó en el MAPU, MAPU Obrero Campesino, DC Y PPD- sostiene:

“El gran error de la izquierda fue confundir su propio proyecto con la revolución. Creer que eso era lo esencial, cuando se trata de una falsa ilusión, una equivocación histórica. La idea de que las revoluciones hacen avanzar la historia me parece que, después del siglo XX, está perfectamente desacreditada. Los procesos históricos son esencialmente reformistas, graduales. Ese tipo de cambios es lo que realmente hace la historia”.

Patricio Navia, sociólogo, cientista, académico en Santiago y Nueva York, cree que en la base de la crisis de la izquierda hay dos puntos. Uno: “Creer que el crecimiento se daba por generación espontánea y, entonces, la prioridad era distribuir, pero el asunto es al revés: no se puede repartir lo que no tienes…  Una parte importante sigue creyendo lo mismo, lo más evidente es la presidenta Bachelet, diciendo que no se puede crecer a cualquier precio”. Y dos: “La izquierda confía mucho en el Estado y no lo suficiente en el mercado o en los privados. Cada vez que ve un problema, su solución pasa por una nueva agenda o nuevo programa estatal. Pero el Estado es como los buenos remedios: lo debes usar para lo realmente necesario porque si recurres a él todo el tiempo, empeoras”.

En la médula de la crisis, “ha habido un conjunto de cosas que demuestran falta de capacidad analítica, de no valoración de logros, una especie de masoquismo, de poner morbo en los problemas, pero no ver los avances; o sea, la manera adolescente. La falta de análisis político maduro llevó a reacciones histéricas. ¡Cómo va a ser razonable que el 10 de marzo me baje del auto de ministro y el 11 diga que todo lo que hemos hecho es insuficiente, negativo, y lance diagnósticos apocalípticos!”, dice el abogado y cientista político Eduardo Saffirio (DC), hoy coordinador de contenidos de la candidatura de Carolina Goic.

Rodrigo Arellano, investigador de la Facultad de Gobierno de la U. del Desarrollo -que se resiste a hablar de una crisis de la izquierda y lo define como “un germen de crisis que puede florecer o ser aniquilado”-, resume lo que considera el gran fallo:

“No darse cuenta que, al final del día, a las personas les gusta tomar decisiones. Que el ser humano nace libre y no quiere que el Estado u otro le diga qué hacer. En América Latina se ha caído en eso. Decisiones en temas de educación, asuntos valóricos, económicos… Cuando interfieres en la libertad, viene el fracaso. Existe un límite entre lo que corresponde al Estado y a las personas”.

Evidencia a la vista

Se trata solo de las primeras aproximaciones a una crisis arrastrada desde el siglo pasado, que tal vez cuenta con un solo camino de salida y que muestra distintas caras según el país que se mire.

Lo concreto: en el mundo, la izquierda ha ido desdibujándose, cediendo terreno a la derecha y a populismos variopintos. “La historia responde a ciclos políticos y las estructuras se adecúan. Ya vimos el estado liberal; luego las grandes izquierdas socialdemócratas, que dan forma al estado de bienestar. Sin embargo, el fracaso de ese estado hace que surjan corrientes más liberales o capitalistas”, resume Arellano, perfilando los tiempos que dan vuelta. La secuencia tiene sus complejidades y muchas cosas podrán ser discutibles o cuestionadas, pero hay una rotunda y evidente. Ominami: “Hasta ahora no existen opciones frente al capitalismo.  La izquierda no ha conseguido estructurar algo alternativo. Solo el proyecto socialdemócrata, con muchas regulaciones, políticas sociales mucho más generosas, incluso con derechos sociales garantizados. Eso se contrapone a lo neoliberal, pero siempre dentro del capitalismo”. (Por lo mismo lo rechazan los más radicales)

Agrega:

“Los grandes problemas de la izquierda tienen que ver con que el capitalismo ha triunfado. Y que, por tanto, la revolución perdió sentido. Ahí está la rusa, que ahora cumple cien años, arrojando un saldo muy negativo.  El intento de construir un socialismo basado en la propiedad pública de los medios de producción fracasó y eso tiene que ver con el ADN de la izquierda”.

Brunner se suma:

“Las revoluciones crean la ilusión de un gran cambio, pero con un costo humano tremendo, como vimos en la Unión Soviética; cientos de miles de personas asesinadas, perseguidas injustamente, metidas en Gulag (donde se encarcelaba a ex-ministros, sacerdotes, ciudadanos deportados), para luego tener una sociedad que por 70 años fue una oprobiosa dictadura y que, finalmente se vino abajo”.

Las que siguieron sus pasos también se fueron al suelo, están a punto o han girado buscando abrirse al capitalismo de alguna manera más o menos digna, como Cuba.

Innecesario dedicar líneas y líneas a una historia que el mundo conoce bien. Salvo Corea del Norte, todos han ido entrando en el modelo ¡Si hasta la China autoritaria es capitalista!

Sin misión revolucionaria, sin propuesta válida, la izquierda se dividió en dos. Una reformista (que ya no pretendió cambiar el modelo) y otra radical que, a ojos de analistas, quedó anclada en postulados de fines del siglo 19 y principios del 20.

“¿Qué es lo que quieren? ¿Volver a la industrialización sustitutiva? ¿Bajarse de la globalización? El asunto es ver cómo te haces cargo, porque la globalización produce también perdedores que hay que compensar de manera relativamente rápida; de lo contrario, se empiezan a producir problemas sociales y políticos mayores… De repente uno ve una nostalgia absurda, cuando lo que hay que hacer es enfrentar las nuevas realidades en el cuadro concreto en que uno está haciendo política. El Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda no haría hoy lo mismo que en 1938. Y no porque sea más derechista o neoliberal, sino porque las condiciones son completamente distintas”, argumenta Saffirio.

Una ideología, muchas caras

Hace años que analistas e historiadores intentan explicar la situación de la izquierda. Unos hablan de crisis de identidad. Otros cargan responsabilidad a la falta de ideología. Algunos sostienen que al dejarse cooptar por el neoliberalismo, se corrompió. Acusan, también, que no trabajó por organizar y politizar al pueblo, añadiendo que “un gobierno no se mantiene con consignas” y que, en cambio, cuando la gente “tiene formación ideológica, como los cubanos, está dispuesta al sacrificio”.

El ex mandatario uruguayo José Mujica declaró a The Clinic: “¿Por qué pierde terreno en América Latina? Porque el pequeño burgués quiere tener más”. Luego comentó: “La izquierda no convenció a la gente; les solucionó problemas, pero no les ganó la cabeza”.

Se dicen muchas cosas y hay que separar escenarios.

En América Latina tenemos distintas experiencias. Arellano –que define como “germen de crisis” el problema en nuestro país-: “con absoluta seriedad hablo de crisis profunda en el continente. Porque el proyecto ideológico fue cayendo en manos de movimientos y partidos que tendieron a confundirse con la ideología personal de sus líderes y se transformaron en populistas de izquierda”. A la vista está la Venezuela de Chávez, la Argentina de Kirchner, Bolivia de Morales, Ecuador… En estos casos, el fracaso llega de la mano de un Estado que intenta abarcar más de lo que es capaz de sostener, avanzando derechito a crisis económicas, sociales e intervenciones militares.

En otros, como Uruguay, Brasil y Chile, la izquierda avanzó hacia un modelo tipo socialdemócrata, desarrollado en nuestro país a partir de la herencia de la dictadura, con mejoras en asuntos sociales.

Brunner:

“Hubo una izquierda típicamente representada por Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en su primer mandato. Y otra, la de los socialismos del siglo 21, populista bolivariana. Otros que se dicen de izquierda son abiertamente dictaduras, como Cuba y Nicaragua. Entonces la izquierda mostró muchas caras y fue perdiendo respeto y adhesión. Porque eran bastante aborrecibles algunas. ¡Cómo iba a prestigiarla! Kirchner terminó tirando dólares por encima de los muros… La gente se alejó de todo eso y buscó alternativas. Así llegó Pedro Pablo Kuczynski a Perú, Mauricio Macri a Argentina y acá, probablemente, vuelva Piñera. Mujica tiene razón: no lograron convencer. Pero tampoco es que hayan resuelto todos los problemas, ayudaron con relevancia en Chile y Uruguay; hubo avances en Brasil con Cardoso y Lula, en su primer tiempo, pero decir ahora que la izquierda perdió hegemonía en A. Latina no es cierto… ¡jamás la tuvo!”.

Arellano, de la UDD, incluso afirma que en su proceso de transición, Chile jamás fue de izquierda porque “no lo fue Aylwin ni Frei, ni Lagos, que siendo del mundo socialdemócrata no gobernó con las ideas de la izquierda; tampoco Bachelet en su primer mandato… ¡si su ministro económico tenía un doctorado en Harvard! En este segundo, sí. Y marca una diferencia muy grande con los anteriores que sobre el modelo incluyeron ciertos valores más sociales para abarcar más en educación, salud y otros asuntos, pero sin un desgaste del aparato estatal como ahora”.

Aprender de errores

“Los gobiernos progresistas de América del Sur no han sido un paréntesis; respondieron a una necesidad de inclusión social y la mayoría tiene una obra importante que mostrar. Condujeron nuestro país en la primera década del 2000, hicieron un aporte porque hubo crecimiento, inflación baja, disminuyó la pobreza. Ahora hay una ofensiva conservadora que busca desvirtuar esas reformas”, afirma Ominami.

-Hubo crecimiento porque se vivió un boom en el precio de materias primas; es decir, todos crecieron en la región, hasta 2014.

-Sí, en el libro hago una reflexión crítica sobre eso: desde el punto de vista económico, la mayoría se farreó ese boom. En lugar de haber diversificado su estructura productiva terminaron concentrándose en un reducido número. Incluso Brasil, que tenía un desarrollo industrial importante. Faltó diversificar. El caso de –Venezuela fue el más extremo porque aumentó su dependencia del petróleo y cuando viene la caída, eso tiene un efecto devastador.

Chile tampoco salvó de eso. Sin embargo, en los últimos 20 años anotó avances en inclusión, pobreza y desigualdad que, según Saffirio, algunos concertacionistas no valoran por dos razones. Una es “la imagen nostálgica de nuestra sociedad en los años ´50 y ´60, muchas veces idealizada. La otra, “no entender el enorme cambio en la sociedad”. Añade:

Entre los avances destaca “la desigualdad, por ejemplo, ahora es un problema no porque haya empeorado (el último estudio del PNUD usó cinco indicadores y concluyó que es menor a la del año 90), sino porque su avance es modesto comparado con el crecimiento y el logro en reducción de pobreza, de 40% a 10%, lo que equivale a haber sacado de ese nivel a casi el 75%. Eso, en democracia, muy pocos países lo consiguen, tal vez los asiáticos y muchas veces con autoritarismo”.

Saffirio suma el impacto de haber cuadruplicado el per cápita en 25 años. “Entonces el balance no puede ser en rojo. Sin embargo, una clase política inculta y comarcana es incapaz de entender lo que significa. La desigualdad es un problema en todas las democracias del mundo, incluyendo las cristianas y las socialdemócrata en estos últimos 40 años y el único país que no ha visto aumentar la brecha es Holanda. Hay factores estructurales que tienen que ver con el cambio tecnológico, con la globalización, con la brecha entre tecnología y educación que la hacen subir”.

Para Saffirio, el proceso chileno de las últimas tres décadas hay que mirarlo en un contexto global. Cita una frase de Marx: “Los hombres hacen la historia, pero no en condiciones libremente elegidas”.

Autodestructivos e inmaduros

“El caso de Chile es bastante excepcional”, destaca Brunner. “Porque después de unos gobiernos extraordinariamente exitosos, en realidad la Concertación no fue derrotada, se autoanuló. Inició un proceso gradual de autodestrucción cuando dudó de toda su trayectoria, dijo que estaban encerrados dentro de un cascarón heredado de la dictadura y que el binominal los obligó a hacer una política que no querían… cosa que todos los que trabajamos en algún gobierno de la Concertación sabemos que no fue así. Teníamos limitaciones propias de una transición, pero estábamos muy entusiasmados con el tipo de política y el programa que llevamos adelante en todos los planos. Por cierto, cometíamos errores, ¡cómo no! Pero de ahí a hacer lo que la Concertación: destruir su legitimidad frente al pueblo… Bueno, el resultado fue que llegó Piñera y luego una presidenta con un programa más bien carismático que realista, una gran propuesta de cambio que no se podía hacer, no se sabía gestionar, ni había cómo financiarlo”.

Navia no habla de crisis de identidad de la izquierda, sino de una crisis de madurez. “Después de 30 años, en que construyeron un muy buen Chile, porque hoy es un mucho mejor país, hay mucho menos pobreza, mucho menos desigualdad que cuando Allende, existen más oportunidades y la gente está mejor… no lo reconocen como propio. No les gusta mucho. Entonces el tipo se mira al espejo, es ingeniero comercial, una buena persona, pero en el fondo le gustaría ser un músico de rock. Se compra una moto, se pone chaqueta de cuero, va al concierto… pero en verdad es un buen ingeniero comercial”.

DUDA VITAL

Relevante en el contexto chileno es el cambio de liderazgo en proceso, después de una generación con larga historia de influencia, 50 años o más, desde Frei padre.

Brunner se sincera: “Los nuevos no han estado a la altura de los problemas de una sociedad que, gracias a los gobiernos concertacionistas, se volvió muchísimo más compleja, más dinámica, más cuestionadora. Y los nuevos no han encontrado manera de organizar esto. No saben si esta democracia representativa les acomoda o les gustaría una de asamblea; no saben si tienen que respetar las reglas creadas por la propia Concertación para manejar la economía o saltarse todo y entrar en una etapa más populista. Es una nueva elite dudosa, sin claridad de lo que quiere y hacia dónde va, sin mucho manejo técnico, con un desempeño mediocre. Y se siente incómoda, como atada, como si su imaginación no lograra llegar a las alturas que creen podrían volar… tampoco es que tengan grandes talentos imaginativos, pero están con la idea de que algo externo los frena. No aceptan que la responsabilidad de los resultados de un gobierno son los gobernantes y les echan la culpa a los grandes poderes, a los medios de comunicación, a intelectuales conservadores. Les cuesta muchísimo reconocer que han sido bien ineptos”.

DESTINO TRAZADO

En vísperas de elecciones, la crisis de la izquierda pone un gran signo de interrogación. Dividida como pocas veces, con algunos dirigentes de recambio, con una izquierda más radical que quiere cambiar el modelo y otra moderada, en la línea de la social democracia, más una Democracia Cristina que corre por vereda propia, pero que busca y necesita crear una nueva alianza de centroizquierda, ¿qué cabe esperar?

*Ominami: “De socialismo no habla nadie acá ni en el mundo. Dejó de ser una opción, los intentos por construirlo han sido históricamente derrotados. Pero lo que sí se mantiene es una izquierda reformadora, que va a estar permanentemente conteniendo los excesos del capitalismo; buscando formas de inclusión social y en la idea de que, finalmente, a través de un conjunto de reformas, pueda cambiar una letra al sistema. Eso no ha ocurrido, pero nuestra acción tampoco ha sido inútil, ha permitido integración social”.

*Navia: “En todas las coaliciones hay mucha competencia con visiones y lecturas distintas. Pero en la izquierda uno puede decir todavía que existe una especie de social democracia, orgullosa de lo que han hecho. Y una que incluye al Frente Amplio y a Bachelet, que quiere hacer todo de nuevo. Me parece que la social democracia sigue siendo una opción razonable; en el mundo hay tantas victorias de ella como de la derecha. Creo que el desafío ahora es demostrar que la izquierda puede hablar de crecimiento tan bien como la derecha. Creo que Chile debe seguir el camino que traía”.

*Brunner: “Lo que tiene que hacer la izquierda es volver a un proceso de renovación, de rearticulación, de reencuentro con el mundo de este mundo, con este capitalismo globalizado, con un mercado extraordinariamente potente, con todas las desigualdades que sabemos, con todos los problemas de medioambiente y de falta de recursos de los países del sur”.

*Saffirio: “Lo que se juega es qué alianza de centroizquierda habrá a futuro. Cuando el PS, con Elizalde a la cabeza, rechaza a Ricardo Lagos optando por Guillier, escenifica la realidad: el rechazo a la tradición, a los logros social demócratas, y la tentación de meterse en lógicas populistas. Lo mismo con el apoyo radical y PPD. Razonablemente se puede pensar que el grueso de la DC no va a estar disponible para una alianza con populismo de izquierda, sino que querrá reconfigurar otro escenario, para una alianza con sectores social demócratas. De eso habla Goic cuando se refiere a armar una nueva centroizquierda, con equipos serios, técnicos y en base a ideas”.

ESE CHÚCARO BIENESTAR

Mirando en retrospectiva, Brunner rescata los avances socialdemócratas durante el siglo pasado.

“Es lo que realmente logró cambiar a múltiples sociedades, creando el estado de bienestar, reconociendo derechos sociales, incorporando a las masas y haciendo avanzar a las economías. Fueron los gobiernos europeos, partiendo por los nórdicos, pero también Alemania, Francia, Italia, España”.

El concepto parte en 1946, como respuesta al trauma producto de la Gran Depresión, y fue definido como una combinación de democracia, bienestar social y capitalismo. La expresión económica del Estado del bienestar fue el pacto keynesiano que durante la postguerra pretendía un desarrollo económico equilibrado socialmente, así como el pleno empleo. Pero a comienzos de los 70, con la crisis del petróleo, empezó a debatirse sobre su fracaso porque el alza de la energía causó estanflación. También lo han afectado cambios demográficos y la globalización que provoca que industrias se vayan a otros países.

Si el capitalismo también enfrenta dificultades y el estado de bienestar ha entrado en crisis, ¿cuál es el camino?

 

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