Editorial

La oculta vulnerabilidad de los adolescentes

Por: Editorial Diario Concepción | 12 de Septiembre 2017
Fotografía: Pexels

La tormenta perfecta, o mejor dicho, el peor escenario para el desarrollo saludable de los adolescentes es la interferencia, propia o ajena, con el principal desafío de esa prolongada y frágil etapa de la vida humana;  la identidad como persona; social, cultural, sexual y valórica, más un ámbito social agresivo, que no perciba su elemental inseguridad, que retire o destruya el soporte de su frágil autoestima.

La principal debilidad es precisamente la falta de percepción de la sociedad de esa fragilidad de los adolescentes, con la apariencia de ser dueños del mundo, aunque en realidad lábiles por estar en terreno desconocido, con desafíos que sienten que han de resolver por sí mismos, con herramientas que todavía no poseen.

En ese contexto resulta una llamada de atención datos aparentemente inconexos para esta situación, como ha sido la revelación que los rumores malintencionados son una de las principales formas de maltrato escolar en Chile. La cultura del chisme muy frecuente en las salas de clases, donde los niños chilenos dicen sufrir más por esta causa que el promedio de la Ocde.

La cifras, bien miradas, no resultan de todo sorprendentes, al menos una vez al mes, 11% de los escolares que estudia en un país miembro de la Ocde dice recibir burlas de parte de sus compañeros. El 7% siente que es dejado de lado y 4% advierte recibir golpes y empujones varias veces a la semana. Por su parte, los escolares chilenos exhiben cifras parecidas, con una salvedad, justamente aquella de los rumores malintencionados, que afecta al 10%, dos puntos por arriba de la media internacional, haciendo uso de flancos débiles de los jóvenes, agresiones psicológicas o indirectas más frecuentes que las físicas, que resultan la más de las veces difíciles de detectar y que se pueden relativizar con la descripción hipócrita de simples bromas.

Los efectos sobre cada niño, o joven en particular, pueden variar ampliamente debido a características personales y del propio ambiente familiar que puede resultar como amortiguador o desencadenante. El efecto sobre el rendimiento académico sugiere una asociación negativa, en el más reciente informe Pisa in Focus, que desglosa los resultados de la prueba, concluye sobre el efecto del maltrato escolar en niños de 15 años. “Los colegios donde la incidencia de intimidación es alta obtienen en promedio 47 puntos menos en la prueba Pisa de Ciencias en comparación con las escuelas donde el acoso es menos frecuente”.

También el documento advierte sobre  las consecuencias biológicas que trae ser víctima de maltrato. “Ser intimidado es una de las formas de estrés más severo que puede experimentar un niño”, explicando que la exposición prolongada a la hormona del estrés (cortisol) puede alterar la arquitectura cerebral en regiones que resultan para la regulación de emociones.

El ambiente agresivo en los colegios puede gatillar respuestas severas en los jóvenes más vulnerables, por las más diversas razones, desde características físicas, a culturales, por insuficiente tolerancia a la diversidad de todo tipo; socioeconómica o de género, a veces con resultados fatales. La carta de los compañeros de un joven suicida que ha conmovido a la sociedad recientemente lo resume apropiadamente, “era una muy buena persona y un verdadero amigo para muchos, pero sufría de tristezas que lo asediaban y que nadie supo ver. Le fallamos todos”.

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