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Daniel Montoya: El “Duncan” que dejó todo en Venezuela

Por: Paulo Inostroza | 12 de Junio 2017
Fotografía: Isidoro Valenzuela M.

Daniel Montoya es uno de los tres venezolanos del básquetbol de la Udla. Figura del líder, planchero el fin de semana y papá a distancia.

Mide dos metros, habla pausado y usa modismos chilenos. Daniel Montoya llegó a Chile hace un año y hoy lidera la máquina cestera de Universidad de Américas en Adesup. Sufre por su familia que está en Venezuela viviendo días difíciles y trata de sacar este momento adelante con estudios. Con ese respaldo, sueña traer al país a su pequeña hija.

“Al país llegamos mediante el profesor Lincoyán Villacura. Fuimos a un torneo internacional Sub 22 en Puente Alto representando a Venezuela y los profesores de acá buscaron cómo contactar a mi entrenador. Nos ofrecieron una beca universitaria del 70 por ciento y actualmente es del 80 porque igual nos va bien en los estudios. Todos en la Udla han hecho mucho para que estemos bien y se movieron para dejarnos en este hogar universitario donde vivimos 20 alumnos, muchos de otras ciudades y de escasos recursos. Acá tenemos nuestra habitación, las comidas al día y no pagamos ni uno. Somos tres venezolanos. Nos piden buenas notas y que te portes bien”, apuntó.

¿Y en qué estaba cuando le llegó esta invitación? Daniel cuenta que “esto es un sueño, algo que me motiva a ser mejor, aunque no es fácil dejar la familia y tus tradiciones. Tuve que ser maduro, a los 23 años, y acepté el reto. Antes, estudiaba Administración de Empresas en mi país y trabajaba. Me cambié a una carrera muy distinta, aunque las dos cosas me gustan mucho. La educación acá es muy buena, se ve diferencia de calidad con la de mi país, aunque sí he escuchado que en Chile es cara y la gente se endeuda”.

Y entrando a la cancha, al cinco contra cinco, expresó que “el nivel de básquetbol acá es bueno, cabros que ponen el cien y no hay rival pequeño. La pelota es chica, el canasto no sabe de portes y yo mido dos metros, pero todos somos iguales. El chileno no es tan alto, pero hay mucho talento. Yo juego de pivot y soy potente, me gusta dar el todo por el todo. Me gusta cómo se mueve Lamarcus Aldridge, delos Spurs, y siempre miraba lo que hacía Tim Duncan antes de retirarse”.

La Udla ha ganado todos sus partidos. Imponentes. “Vamos punteros, invictos, igual que la UdeC, pero con mejor diferencia de puntos. El miércoles nos toca contra ellos y será un partido lindo en la Casa del Deporte. Mis compatriotas juegan de piloto y alero y nos entendemos muy bien y también con el resto del equipo. Somos una familia. Promedio 20 puntos por partido, unos 6 o 7 rebotes y casi 3 asistencias. Fuimos campeones hace poco en un cuadrangular en Chillán y salí elegido el Mejor Jugador”.

Allá en su tierra

“En Venezuela vivía con mi bisabuela, mi tía, mis primos hermanos. También tuve que dejar a mi hija, que tiene un año y cinco meses. Todos los días estamos en contacto por video llamadas, siempre le hablo, me dice papá y sabe quién soy. Le digo a la mamá que todos los días le muestre una foto mía y en invierno iré a visitarlos. Me encantaría traerlos, pero por ahora no puedo. Trabajo los sábados y domingos preparando sándwich y completos en el Lomo Alemán para pagar el 20 por ciento de mi carrera y todavía no tengo ingresos para eso. La echo mucho de menos porque sus primeros pasos y palabras fueron todas por video”, señala emocionado.

Pero no es su único dolor. Daniel relata que “mi familia sufre todo lo que se vive en mi país y uno sufre cuando te lo cuentan. Día a día falta alimento, cuando se enferma mi niña no tienes los medicamentos. No saben qué hacer. A mí me tocó vivir parte de eso y es muy complicado. Tú lo ves por televisión, pero es todavía peor. No están exagerando. Mi familia quiere salir, pero no quieren dejar sola a mi bisabuela, que tiene 92 años, aunque es la más fuerte. En Chile hay muchos venezolanos y nos reciben muy bien. En la U, en la calle, profesores… Se portan un siete”.

¿Y cuáles son sus sueños? El “Duncan” venezolano advirtió que “no me proyecto en ser profesional, me proyecto más en los estudios. Una vez sufrí una lesión en la rodilla y me di cuenta que si no jugaba no tenía nada. Necesito algo que me respalde para surgir, para mi hija, y me encanta enseñar. Bueno, haga lo que haga, siempre tendré claro que el básquetbol es lo que me ha ayudado a ser lo que soy”.

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