Una normativa largamente esperada que eleva los estándares éticos, fortalece los derechos de las personas y establece mayores exigencias para las organizaciones públicas y privadas.
La conclusión es incómoda: esta nueva retórica de no intervencionismo no desactiva las viejas lógicas coloniales, sólo las remodela, donde la “Intervención Justificada” siempre favorecerá al Imperio estadounidense.