Turismo en verano, pero también migración definitiva, han aumentado la población de ciudades y pueblos que hasta ahora se consideraban periféricas, o que solo eran visitadas en la temporada estival. Los alcaldes ven la situación con optimismo, aunque represente una carga para los servicios sanitarios o de educación. Esta migración de la ciudad al campo, dicen especialistas, puede superar la duración de la pandemia.
Los que menos cuentan con espacios de privacidad, están más expuestos a que su intimidad sea vulnerada. Los que raramente son vistos o escuchados, son los que más ven su intimidad diseccionada ante un hecho doloroso.
Al iniciar este ciclo con algunas consideraciones sobre las lenguas originarias de Chile -y aunque pueda parecer redundante-, un buen punto de partida es señalar que son, precisamente, eso: lenguas y no meros “dialectos”, como se suele escuchar. Como diría el etnolingüista Adalberto Salas, todas las lenguas humanas siguen los mismos principios de funcionamiento y no hay diferencias sustantivas entre la lengua que utiliza un grupo humano que vive en la selva amazónica y otro que construye computadoras. Las lenguas, en este sentido, son esencialmente idénticas y superficialmente distintas. En este contexto, este reportaje se centra en el mapudungun, focalizando su estado actual, su estudio y también su revitalización.
El aporte que realizan los migrantes a Chile es mucho mayor a los aspectos negativos que se destacan en los medios de comunicación, aunque esto siempre estará presente. Incluso en Francia, donde me encuentro desde hace más de un año y medio, he podido presenciar y vivir la discriminación -no tan fuerte- que se hace al extranjero. Si bien es un tema sociocultural, las políticas públicas ayudan.
Contar hoy con 458 Cesfam de Arica a Magallanes que atienden a casi el 80% de la población y que en muchísimos lugares cubren las necesidades de salud del 100% de sus habitantes, es sin duda un gran logro del Estado.