Política

2019, el Gobierno y los tiempos que vienen: año nuevo y ¿plan nuevo?

Lo que iba a ser, no fue. Y aunque el Presidente Piñera ponga un 6 a su primer año de mandato, las encuestas, los analistas y la gente piensa distinto. Lo que falló, lo que fue un éxito, los riesgos y la gran pugna interna tejen esta historia.

Por: Luz María Astorga | 30 de Diciembre 2018
Fotografía: Agencia UNO

“Le tengo una propuesta. Yo sigo con su entrenamiento para ir a Marte y usted se queda en La Moneda”, dijo el Presidente Piñera a Alyssa Caarson, la astronauta de 17 años que vino de Estados Unidos a exponer en el Festival Internacional de Innovación Social.

La escena se difundió, aunque sin rótulo de “piñericosa”. El horno no está para esos bollos.

Después de un año turbulento, convulsionado, con descoordinaciones a luz del sol y con la CEP (“la madre de todas las encuestas”) como espada sobre La Moneda, quizá el mandatario quiso por un instante estar en Marte… Dicho con respeto, como se usa añadir ahora.

Bromas aparte, ni al cierre este 2018 da tregua. Tampoco alcanzarían estas páginas para enumerar lo bueno, lo malo y lo feo de estos meses. Para graficar valen las palabras de Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem, ex director de estudios en La Moneda durante los casi cuatro años del primer mandato piñerista: “El Gobierno va a tener que iniciar un nuevo ciclo”.

Sirven también las de Eugenio Tironi, sociólogo, ex director de la Secom en tiempos concertacionistas: “Colgarse del crecimiento como becerro de oro no es buena idea”.

Y las de Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro y de Mori: “La función de un líder es ver lo que el país requiere; si necesita A y le ofrece B, al gobierno le va mal”.

Podríamos seguir con las citas. Pero si se trata de retratar la escena en poco espacio, vamos a las encuestas que importan al mandatario:

1- Cadem: Piñera acumula seis semanas con más desaprobación que aprobación: 48% y 38%, respectivamente.

2- Criteria: El mandatario registra un 60% de desaprobación.

3- CEP: Piñera, 39% de desaprobación. Aprobación, 37%. Y como este sondeo es el peso pesado, agreguemos otro dato: los personajes mejor evaluados son Joaquín Lavín (48%), Michelle Bachelet (42%), Piñera (41%), G. Boric (39%) y G. Jackson (37%).

Ahora, si hablamos de un gobierno que prioriza el crecimiento económico como latido vital, que ofreció 140 mil empleos de calidad, protección social, inversiones e indicadores al alza, las cuentas tampoco resultan tan alentadoras. La inversión creció 7,1% al tercer trimestre -el mayor nivel desde 2013-; la economía se acerca al 4%, pero el desempleo supera al 7%.

Y otro dato clave: la Bolsa ha perdido este 2018 un 9%, el peor desempeño desde 2013.

Para completar el cuadro, el economista Raphael Bergoeing, académico, investigador, consultor y colaborador del gobierno, declaró que “algunos ya afirman que 219 va a ser mucho más complejo por la volatilidad política y financiera”.

Para redondear el contexto, Nouriel Roubini, el “Doctor Catástrofe” que vio venir la Crisis Subprime de 2008, anticipa otra para 2020, seguida de una recesión mundial. Esto, consecuencia de medidas aplicadas por Donald Trump, y la guerra comercial.

Si Roubini acierta, sin duda nuestra abierta economía acusará el golpe.

Por ahora, mejor sigamos con Chile 2018 y los posibles escenarios para 2019.

NERVIOS, MENTIRAS Y VIDEOS

En estos meses de apuesta por la economía, La Moneda ha soportado chaparrones varios. Dificultades de instalación nombramientos fallidos, frases y decisiones que costaron la salida de ministros, como el de Educación, Gerardo Varela (Caso condones y otros) y el de Cultura, Mauricio Rojas (Museo de la Memoria y DDHH). Trastabillones como el del titular de Salud, Emilio Santelices (Caso protocolo de aborto), que provocó la primera interpelación. Al que se suma lo del canciller Roberto Ampuero, en el polémico manejo frente Pacto Mundial por los derechos de los Migrantes, que Chile respaldó ante la ONU en septiembre y desechó de la noche a la mañana este diciembre, cuando ya la delegación de nuestro país estaba en Marrakech, dispuesta a suscribirlo. En la revoltura de este capítulo, el ministro de Interior, Andrés Chadwick, pasó por sobre Ampuero; Evópoli pidió revertir la decisión y Piñera admitió ante las cámaras de TV que hubo “un problema… me debieron haber pasado el documento antes”.

Punto aparte merece el Caso Catrillanca, en la Araucanía, donde autoridades y Gobierno afirmaron verdades que eran mentiras, en una seguidilla de escenas, videos, filtraciones, dichos y dudas, que terminaron sacando al general Hermes Soto, destituyendo a diez generales del alto mando, y poniendo al frente al general Mario Rozas.

De pasadita, el raspón para Alfredo Moreno, titular de Desarrollo Social (algunos lo veían como próximo candidato a La Moneda), que había avanzado en su trabajo con las comunidades mapuches y, de pronto, como en la canción, “todo se derrumbó”.

Entonces, el remate. Sucede que en 2005, el entonces Presidente Lagos quiso terminar con la inamovilidad de los altos mandos de las Fuerzas Armadas. Planteó que la facultad volviera a manos de la presidencia. Pero los entonces senadores Andrés Chadwick, Alberto Espina y Hernán Larraín, todos hoy ministros, se opusieron. Y así, según cuenta Francisco Vidal, a cargo de la Segegob, se llegó al acuerdo de establecer que un mandatario podía remover, pero con el respaldo del Congreso e informando a Contraloría. Ese trámite correspondía ahora, pero Piñera pidió la renuncia a Hermes Soto, éste se resistió y debieron pasaron largas y tensas horas con él aún en el cargo, mientras se cumplían los pasos… “Los pacos se le rebelaron a Piñera”, festinaban algunos opositores al Gobierno.

Para evitar el bochorno, ahora La Moneda enviará al Congreso el proyecto que Lagos quiso…

“De las lecciones se aprende”, admite Chadwick, ministro clave en el manejo del Caso Catrillanca.

En medio de ese persistente aroma a descoordinación, al cierre de esta semana, la UDI (partido al que pertenece Chadwick) se desmarcó de la iniciativa legal.

ENMENDAR LA PLANA

Cuando los analistas proyectan el nuevo año, no necesariamente coinciden con Izkizon en el sentido de que habrá un “nuevo ciclo”. Porque este implicaría cambio de prioridades en el programa; humildad para reconocer fallas en el diagnóstico inicial; fin de las tensiones de la derecha (la de centro y la más dura), neutralización del factor Kast y apertura para mirar la integralidad de lo que Chile necesita. Según Marta Lagos, “si el Gobierno no ve lo que tiene que ver, 2019 puede ser aún peor”.

Salta a la vista que la promesa de los “tiempos mejores” está demorando, a pesar de que -medido en cifras- el escenario mejoró. En noviembre, sondeos de Cadem establecieron que el 51% de las personas dice estar “igual que en el gobierno de Bachelet”. En la CEP -muestra a nivel nacional-, el 50% de los entrevistados afirmó que “desconfía” del presidente. Y en Criteria, un 76% de la población sostiene que no se han cumplido las proyecciones económicas.

Más o menos en paralelo, un asertivo Piñera puso nota 6 a su primer año de mandato. Y en La Moneda, en el encuentro “Chile en marcha” -donde estaban entre otros el Nobel de Economía Robert Engle y Nouriel Roubini-, enfrentó las críticas sobre el bienestar económico que no llega, con estas palabras: “Entonces, ¿qué explica las fuertes ventas de viviendas, autos y viajes?”.

Luego comparó su gestión con la de Bachelet, cuando “Chile creció menos que el mundo y la deuda bruta se duplicó”.

Si dijo todo esto hace muy poco, ¿cómo podría ser el nuevo ciclo?

UN GRAN CAMBIO

Guillermo Holzmann, cientista político, académico y socio director de Analytyka, comenta:

– Lamentablemente en el gobierno quienes tienen a cargo la política macroeconómica analizan la política solo desde ese perfil. Es una falencia, en términos de estudios y de visión en torno a lo que sucede a nivel mundial. Lo que hoy motiva a la ciudadanía mucho más que la ideología es una cosa de “esto no es justo, más allá de que sea o no legal”. Y el gobierno insiste en responsabilizar de todos los problemas a Bachelet…. O sea, en dar un sesgo ideológico a su gestión. Y se retroalimentan con la respuesta de la oposición entrando en un círculo vicioso del cual no salen, por eso la Moneda no logra manejar la agenda. El asunto no es la estrategia sino el diagnóstico, hecho desde la trinchera, desde donde siempre el horizonte de visión resulta muy limitado.

– ¿Qué tan determinante ha sido el factor UDI? Cada vez se ve más fuerte la derecha dura. Jacqueline van Rysselberghe ganó de nuevo la presidencia del partido. Desbordes inclina RN más a la derecha también. Y Kast avanza al punto que La Moneda abiertamente intenta aislarlo.

– Después del discurso de junio en el Congreso, el Gobierno decidió no depender de los partidos, ha ido creando un perfil propio. Quienes influyen son grupos que aprovechan los círculos de influencia. El Gobierno sabe bien que Chile Vamos no tiene otra opción que apoyar porque están mirando las elecciones de gobernadores, municipales y presidenciales.

– ¿Cómo ve un posible nuevo ciclo?

– Debe tener una estrategia diferente, sincerando el hecho de que el programa tiene que modificarse sustantivamente para terminar los cuatro años. Se requiere un cambio de prioridades, a partir de un diagnóstico adecuado. Se puede avanzar en lo programático, pero haciéndose cargo de la debilidad institucional. Lo segundo es priorizar reformas constitucionales. Por ahora, eso sí, el gobierno está sumido en la lógica de mantenerse a flote a cómo de lugar. Piñera ha evitado un cambio de gabinete para no demostrar debilidad, siendo evidente que muchos asuntos sectoriales pueden tener una relevancia y visibilidad que hoy no se ve. No existe capacidad plena de trabajo intersectorial. Interior se ha establecido como centro de poder fundamental, opacando al resto de las carteras.

Agrega:

– 2019 se anticipa complejo. Aumentará la conflictividad social y para enfrentarla se requiere un buen diagnóstico que permita desactivar temas, pero los percibo muy encerrados.

NO MÁS SALUDOS A LA BANDERA

Lagos cree que “desgraciadamente el plan de Piñera no era lo que la gente estaba demandando”, apuntando a una demanda institucional de la democracia “que debe ser atendida con urgencia”:

– Existe un problema institucional. El Parlamento, los partidos, las instituciones armadas -con mucha fuera Carabineros y Ejército– y la Contraloría necesitan reformas, refuerzos. La suma de las deficiencias se refleja en la corrupción que tenemos. Pretender hacer ese trabajo a picoteo no resultará.

– El sello del mandato es la economía.

– Sin una economía sólida, lo demás no funciona. Pero hacer lo necesario no es lo mismo que hacer lo suficiente. Existen cosas necesarias como el crecimiento y cosas indispensables, sin las cuales crecer no sirve. La confianza en las instituciones está en el nivel más bajo en 20 años.

– Se viene arrastrando por varios gobiernos.

– Son problemas estructurales que no fueron abordados por la Concertación porque, como dicen los gringos, “la idea fue no mecer el bote”. Cuatro mandatos fueron exitosos porque no movieron las cosas… Es cierto también que no hubiéramos tenido la transición que tuvimos de otra forma. Pero un quinto gobierno ya no es lo mismo y, entonces, se intentó una reforma a la Constitución, pero todo el mundo sabía que no iba a pasar. Fue en saludo a la bandera. Ahora si seguimos con saludos a la bandera no llegaremos a ninguna parte. Ya sé que en mi vida -con suerte 20 o 25 años más- no veré un Chile desarrollado.

– Este año, el gobierno ha responsabilizado constantemente a Bachelet de los problemas.

– Se equivocan en eso. Porque ella es el final de la cadena. Le llegaron los problemas de la misma manera que ahora llegan a Piñera. Entonces se hacía o no cargo de esta pelota que todos se tiran de un lado para otro. ¿De qué sirve culpar a una exmandataria con 30% de apoyo? Absurdo.

– ¿Qué debe considerar un nuevo ciclo de Piñera?

– Una visión holística integral de la problemática nacional, no solo lo material. Esto tiene tres componentes: económico, político y social. Y en los dos últimos no hemos avanzado nada.

JUGADA SALVADORA

“La tensión está instalada, eso complica lo que viene”, dice el abogado y cientista Eduardo Saffirio, ex DC, jefe programático de la candidatura Carolina Goic.

Agrega:

– Mucha gente toleró a Piñera como candidato para recuperar el poder sobre la base de que iban a gobernar más de un periodo. Eso hoy es mucho menos obvio, entonces empiezan los desmarques. Y como nunca han querido mirar de verdad lo que pasa en el mundo, ahora la irrupción de los estilos populistas -que empezaron a sentirse en Chile hace rato-, ahora los enreda. La primera señal fue MEO en 2009, que sacó 20%. Después vino el Frente Amplio y la irrupción de José Antonio Kast, muy atento a la evolución de la derecha radical en el mundo. Y como la economía no los ha acompañado desde el punto de vista de sus efectos políticos, se abre un flanco frente a la derecha dura en varios frentes (Araucanía, impuestos, seguridad ciudadana). Esto puede generar una candidatura de Kast por fuera del conglomerado, que alcance 20%. O, al menos, que sea competitiva en un cuadro de cuatro candidatos para eventual primaria: Lavín, Kast, Ossandón y Allamand. El panorama, además, crea ruido con el ala que se quiere desmarcar de lo que fue la dictadura: Evópoli.

– Chile Vamos -con problemas- al frente tiene una oposición sin sustrato ni plan más allá de unirse para enfrentar las elecciones de 2020.

– La debilidad opositora le juega a favor, pero también desata división en la derecha porque algunos creen que se pueden dar el lujo de acentuar los perfilamientos partidarios o individuales. El resultado es desorden… y tensión. Por otro lado, no necesariamente será eterno esto de no contar con una oposición articulada.

– ¿De qué forma La Moneda puede revertir en 2019 sus debilidades? En lo económico, se anticipa otra crisis.

– Están en un cuadro de debilidad e incertidumbre mundial. Si esto sigue, la cosa se va a poner mediocre. No hablamos de una crisis como en 2008, pero sí un par de años malos, que además son los electorales. Y con las expectativas que generaron pueden sufrir una pérdida de apoyo importante.

– Entonces…

– Una salida sería que creciendo cerca del 4%, logren un impacto rápido en el empleo y el consumo. Y, como segunda salida, que pese a lo que han dicho, vuelvan a endeudar al país como lo hicieron en el primer mandato, para hacer un reajuste importante en el Pilar Solidario. Con eso, más un par de cosas efectistas en materia de migración y seguridad ciudadana, conseguirán aplausos y minimizarán el riesgo de Kast. Pero eso no garantiza unidad en la derecha. Ni hacer viable una agenda legislativa donde están pendientes todos los grandes temas (tributario, previsional, laboral, salud).

EL RIESGO DE LA PUGNA

“El Gobierno tendrá que lidiar con una derecha más dura, en un contexto en que después de dos elecciones, RN y UDI van a tensionar la cuerda. Y esto, cuando La Moneda requiere acuerdos con la centroizquierda para sacar adelante los grandes proyectos”, resume Claudio Fuentes, doctor en Ciencia Política y académico de la U. Diego Portales.

Resta dramatismo porque “tenemos experiencia en el pasado reciente de gobiernos que estaban muy en el suelo y no terminaron tan mal”, añade aludiendo a Bachelet. Esto, sin embargo, no quita intensidad a lo que viene:

– Dependerá mucho de la capacidad que tenga el equipo político para ordenar la coalición. El gran desafío va a ser la pugna. Si no logran resolverlo, se va a complicar la situación en algunos de los grandes proyectos, como el de pensiones. Porque si el Ejecutivo no está dispuesto a ceder algo a la oposición, no podrá sacarlo adelante. Eso sería un costo político importante. Y si llegase a ceder, ahí tendremos a José Antonio Kast diciendo que de nuevo concede a la izquierda… Será el juego constante a lo menos en los próximos dos años.

Este año, continúa, vimos a Gonzalo Blumel como un ministro de perfil bajo, que estuvo mucho en la articulación de acuerdos políticos en el Congreso. “La pregunta es si en los proyectos más significativos va a estar presente él o Chadwick… porque en estos meses nos mostró que el gobierno depende mucho de la figura de Interior. Eso puede ser riesgoso”.

– ¿Qué señal debe dar La Moneda ahora?

– Como sabe que la elección de municipal y de gobernadores es clave para la presidencial, necesita un acuerdo político rápido dentro de la coalición. Y como segundo asunto, requerirá que CHV se ordene detrás del programa y sus iniciativas. En 2019 se definen las negociaciones para 2020.

Crimen organizado

Un tema medular para 2019, coinciden analistas, es hacerse cargo de un problema estructural del Estado chileno que cada vez queda más a la vista: la corrupción. De todo tipo. Desde aquella que permite hacer un mega fraude en Carabineros, la que militares vendan armas a narcotraficantes, que las órdenes de mando en las FFAA no se cumplan o que se mienta, pasando por problemas en Contraloría, Corte Suprema y Tribunal Constitucional.

“La debilidad institucional es un proceso largo”, añade Guillermo Holzmann. Y lo que empieza a escucharse con más frecuencia -el presidente lo ha mencionado en tres oportunidades- “es la presencia del crimen organizado”.

O sea, que “hay redes de poder que no estamos viendo pero que influyen para que las cosas no se hagan o no existan. Y si se hacen, son incompletas”.

– ¿Cómo en México, Colombia o Brasil?

– Estamos en algo incipiente, que nadie se atreve a hablar, salvo en privado. Pero, claramente, cuando tienes leyes que no funcionan, un Estado que no fiscaliza, incapaz de regular adecuadamente, es porque la burocracia y la definición de leyes está contaminada.

Complementa:

– Cuando hablamos de crimen organizado, hablamos de actos que pueden estar tipificados como delitos, de muchos que no están tipificados, aunque se percibe su ilegalidad, y otros que no se percibe. Desde el contrabando de cigarros, tráfico de juguetes, de armas, lavado de dinero, de cómo se financian campañas y salen redactadas leyes y reglamentos. Cuando llegamos a este tipo de análisis, vemos a América Latina con mucha preocupación. Europa y EE.UU. presionan mucho por una legislación activa y eficiente.

Cuando la economía no anda bien, prolifera el comercio informal, que tiene detrás una red de distribución, centros de acopio, logística, transporte. El crimen organizado es un modelo de negocio. Y el blanqueo de las platas chicas, agrega, normalmente “se hace a través de lavandería, restaurantes, hoteles, donde resulta fácil facturar o dar boletas sin que hayas estado ahí”.

Errores capitales del primer año

Eduardo Saffirio: “Tener un ego incontenible y obsesionarse con encuestas de dudosa seriedad, pero que preocupan al presidente porque se mueven hacia abajo. Y la curva va mal por dos razones. Una es la soberbia derecha, que no tiene remedio. Estaban convencidos de que los problemas del país se resolverían mágicamente porque volvían al poder. Eso iba significar el despegue de la economía, aunque sabían que la curva había empezado en el último trimestre de Bachelet. Su gran error fue creer que iba a darse un gran giro, que iban a tener grandes equipos, sin reconocer que también los afecta ese problema de la política chilena: la calidad de los cuadros. Otro error estuvo en generar expectativas desmesuradas, igual que en el primer mandato. Y otro ha sido no darse cuenta de que el gobierno de Bachelet terminó hoy, no es tema. Pudo servir un par de meses eso de basurear, pero agota. Es una apuesta perdedora”.

Guillermo Holzmann: “Creo que un gran acierto fue instalar la idea y los temas para trabajar en grandes acuerdos nacionales, a partir de junio, con la formación de equipos. Pero eso mismo llevó a un gran error: no haber aprovechado las oportunidades para avanzar en esos acuerdos, al mismo tiempo de enfrentar la coyuntura. A esto se suma no tener capacidad de anticipación de los temas ni de trabajo intersectorial”.

Claudio Fuentes: “El Gobierno se inició como uno que buscaba acaparar el centro político, que intentaba seducir a la DC, acercarse al mundo de los ciudadanos… Y termina el año enfrascado en una disputa interna sobre quién es más de derecha. Ese cambio de giro va a complicarlos. En la discusión de cualquier proyecto de ley importante el dilema será mantener el modelo de Pinochet o hacer reformas. Esa lógica incomoda mucho a una administración que trató de distanciarse la figura del dictador. Chile requiere acuerdos en temas cruciales como son el pueblo indígena, pensiones, impuestos y laboral”.

Etiquetas