El desafío es, entonces, no solo incorporar más tecnología o nuevos contenidos a las aulas. Es formar a personas que sean capaces de integrar conocimiento, trabajar con otras disciplinas, interpretar evidencia, cuestionar decisiones y asumir responsabilidades frente a problemas.
Es una fecha para reconocer una profesión cuyo aporte ha sido históricamente mucho más amplio que la atención clínica de los animales. Cada 7 de octubre conmemoramos el Día del Médico Veterinario. Desde sus orígenes, ha tenido un papel fundamental en la salud pública, la producción animal, la inocuidad de los alimentos, la prevención de enfermedades y el bienestar animal. Por eso, quizás la pregunta más importante en esta fecha no es solo cuánto hemos avanzado, sino qué tipo de profesional necesita el mundo que viene.
Vivimos una transformación que está ocurriendo más rápido que nuestra capacidad para anticiparla. El cambio climático está modificando los sistemas productivos y las condiciones de aparición y expansión de enfermedades. La resistencia a los antimicrobianos amenaza tratamientos que durante décadas consideramos seguros. Y tecnologías como la inteligencia artificial, la genómica y el análisis de grandes volúmenes de datos están transformando la manera en que diagnosticamos, producimos conocimiento y tomamos decisiones. Necesitamos, entonces, profesionales capaces de reconocer problemas que todavía no sabemos cómo resolver.
Esto exige también una mirada crítica sobre nuestra propia formación. Necesitamos preparar, a cada uno de quienes estudian esta carrera, en diversas áreas de conocimiento, capaces de alcanzar altos niveles de especialización, pero que al mismo tiempo puedan comprender cómo su trabajo se relaciona con otros ámbitos y con los desafíos más amplios de la sociedad.
El desafío es, entonces, no solo incorporar más tecnología o nuevos contenidos a las aulas. Es formar a personas que sean capaces de integrar conocimiento, trabajar con otras disciplinas, interpretar evidencia, cuestionar decisiones y asumir responsabilidades frente a problemas cuyas consecuencias trascienden una consulta, un predio o un laboratorio.
La profesión ya participa activamente en las grandes discusiones sobre salud pública, producción, medioambiente, inocuidad y bienestar animal. El desafío hacia adelante es potenciar esa participación, ampliar nuestra capacidad de incidencia y llevar el conocimiento médico veterinario a espacios donde las decisiones que definirán nuestro futuro requieren cada vez más de nuestra mirada. Este día debería ser, por tanto, algo más que una celebración, sino que una invitación a mirar hacia adelante.
El futuro no necesitará solamente más médicos veterinarios, sino que contar con profesionales capaces de comprender un mundo en transformación, anticiparse a sus desafíos y contribuir responsablemente a las decisiones que definirán la relación entre animales, personas y ambiente. Ese es uno de los grandes retos que tenemos hoy y, al mismo tiempo, una de nuestras mayores oportunidades.
Lorena Jofré
Médica Veterinaria