Opinión

Una golondrina no hace verano

Por: Diario Concepción 03 de Octubre 2026
Fotografía: Cedida

Julio Ferreira Salazar
Centro de Estudio Europeos, Universidad de Concepción

Tiempo atrás, contemplaba con asombro “El sueño de la razón produce monstruos” uno de los grabados del pintor español Francisco de Goya. En él se aprecia cómo el artista, absorto ante el producto de su genio, cae abatido frente al tormento de sus propias creaciones, que toman la forma de bestias e invaden la habitación.

Tal como con aquella obra, hoy observo, tan asombrado como preocupado, cómo el impulso creador del ser humano, en una época en que el desarrollo científico y tecnológico ha alcanzado niveles de sofisticación insospechados, pareciera volcarse contra la humanidad misma.

La historia de la humanidad nos ha enseñado – o eso deseo creer – que cuando el ser humano deja de ser el centro, siendo reducido a un instrumento a disposición de intereses que exceden a él, el espectro de la decadencia reaparece, dejando un escalofrío difícil de zafar tras de sí.

Ante esta encrucijada, en que se ven comprometidas todas las disciplinas del saber, se convierte en un imperativo reafirmar aquellos principios a partir de los cuales la actividad humana se proyecta, y que permiten calificar su desarrollo – precisamente – como progreso y no retroceso.

A ratos, pareciera que la vocación de quienes asumieron una vida entregada a la defensa de la humanidad descansa hoy como un relato en las bibliotecas del mundo, pero no permanece en nuestras conciencias. Aun siendo tantas las inquietudes, no debemos ceder ante la desesperación como el artista en aquel grabado de Goya; la creación debe ser un ejercicio basado en la razón y compromiso, pues solo así, el progreso nos permitirá colmar de contenido a aquello que – todavía – llamamos “humanidad”.

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