Durante el período colonial, la economía chilena estuvo marcada por actividades agrícolas y ganaderas. El cultivo del trigo adquirió gran relevancia, especialmente a partir del siglo XVII. El aumento de la demanda en el virreinato del Perú permitió que Chile se transformara en un importante exportador de este cereal.
Este proceso dio origen al llamado “Chile triguero”, una etapa en que la producción influyó sobre la economía, la organización de las haciendas y la vida rural. El crecimiento modificó las relaciones sociales y económicas, fortaleciendo el poder de los grandes propietarios y consolidando la hacienda como la principal unidad productiva.
El trigo fue introducido por los españoles durante la conquista y encontró condiciones favorables en la zona central de clima mediterráneo. Uno de los factores clave fue la existencia de un mercado externo. En el siglo XVII, Perú experimentó dificultades para abastecer su demanda debido a problemas agrícolas y fenómenos naturales, permitiendo que Chile aumentara sus exportaciones.
El cereal se enviaba al Perú, principalmente a través de Valparaíso con destino al Callao. Se exportaba tanto trigo como harina, impulsando la molienda y el transporte. La expansión triguera favoreció el crecimiento de las haciendas, grandes propiedades rurales donde se cultivaban cereales y se criaba ganado. Los hacendados adquirieron gran importancia económica y social.
La hacienda organizaba gran parte de la vida rural. Los trabajadores dependían de los propietarios para acceder a tierras y vivienda, consolidándose formas de dependencia laboral. Además, el comercio triguero fomentó vínculos entre agricultores, comerciantes, molineros y transportistas.
La relación con el Virreinato del Perú fue fundamental, ya que el mercado peruano se convirtió en el destino principal de la producción agrícola chilena, permitiendo un desarrollo sostenido gracias a la demanda externa. En el siglo XVIII, las reformas de la Corona española y las medidas que favorecieron la exportación fortalecieron aún más la actividad triguera.
Sin embargo, este período presentó limitaciones. La economía dependía del mercado peruano y de factores naturales como sequías, plagas y malas cosechas que afectaban los ingresos. Los beneficios no fueron igualitarios, siendo los grandes propietarios quienes acumularon tierras y riqueza.
La expansión agrícola también impactó a las comunidades indígenas y la disponibilidad de tierras, relacionándose con la ocupación del territorio y los conflictos de la sociedad colonial. Durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, la producción triguera en la zona central y centro-sur siguió siendo fundamental, conectando al territorio con los mercados externos.
Alejandro Mihovilovich Gratz
Investigador Histórico