Opinión

Una reflexiva celebración

Por: Diario Concepción 04 de Septiembre 2026
Fotografía: Cedida

De especial significación, el reciente Programa Especial de la actual temporada oficial de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción estuvo dedicado a la celebración del 72 aniversario del Coro Sinfónico de esta casa de estudios.

Históricamente estos cuerpos artísticos han tenido sobrados aportes al país en lo repertorístico, con una cantidad no menor de estrenos nacionales y mundiales, especialmente en el caso de la orquesta. Hoy en día, con la titularidad del joven y excelente maestro chileno Luis Toro Araya, del todo oportuno reconocer su impulso por la designación de un(a) compositor(a) residente, nominación curiosamente sólo implementada por esta agrupación y la Orquesta de Cámara de Valdivia, constituyendo un indiscutible referente para las orquestas y ensembles de Santiago y demás regiones.

En este contexto, muy bienvenido el estreno mundial de “Re”, de la talentosa compositora residente Tamara Miller, que abrió el programa. Obra de penetrante interpelación, “Re” se hace eco del prefijo “re”, en su significación de “repetir algo”, con la particularidad de inscribirse en una dimensión
fenomenológica ante la llegada de instancias que remecen –repetidamente- la realidad. Con un lenguaje de amplias influencias (se reconocen, entre otros, guiños a Messiaen e incluso una alusión, inconsciente quizás, al tema principal de la Sinfonía Alpina de R. Strauss), dispone de una amplia orquestación más una batería de logrados timbres, colores y ritmos, jalonando un discurso interno sin rugosidades. Magnífica administración del tiempo y de lo “sorpresivo”, esto último como eficaz contraposición a cualquier previsión. Comprometida entrega de la estupenda orquesta universitaria junto a su formidable titular.

Y como obra de fondo, una notable entrega de “Un Réquiem Alemán, Op 45” (“Ein deutsches Requiem”), de Johannes Brahms, poniendo a prueba todas las capacidades de la orquesta, coro y solistas. Obra de relativa juventud, posee una atractiva originalidad respecto a los réquiems de la época -principalmente asociados a los textos litúrgicos del Réquiem Católico-, habiendo seleccionado (y acomodado) el mismo compositor los textos bíblicos alusivos a la muerte y del más allá, resaltando, con mayor libertad formal (y expresiva), los elementos humanos respecto la percepción de la muerte por sobre alusiones canónicamente religiosas, reflejando, de manera muy original, una genuina luminosidad dentro del dolor. Y como buena obra brahmsiana, su construcción dispone de sólidos recursos compositivos, entre ellos un excelente manejo del contrapunto más un notable tratamiento de las texturas vocales e instrumentales.

Gran versión liderada por Luis Toro Araya, de profunda comprensión y debidamente plasmada en una alabada continuidad discursiva, empática adopción de tempi y calibrado equilibrio contrastante global. Estupendo ensamble y calidad de sonido de la orquesta, aunque algo desparejo el balance de voces del coro (sección tenores), ameritando reforzar la amalgama grupal, no obstante, una buena entrega global.

Notable cometido de los solistas, oriundos de Concepción, Christian Senn y Pilar Garrido. El primero, barítono de importante carrera internacional, ostentó importante robustez de timbre, magnífica proyección, homogénea línea de canto y completo entendimiento del texto. A su vez, Pilar Garrido, emergente y talentosa soprano, formidable en su exigente parte (de altísima tesitura), evidenciando en plenitud sus excelentes recursos vocales (belleza de timbre y excelente manejo del fiato) más cautivante musicalidad. En suma, una reflexiva conmemoración, con obras humanamente interpelantes y con importantes entregas.

Jaime Torres Gómez
Crítico Musical, Círculo de Críticos de Arte de Chile

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