Opinión

La educación técnica que Chile necesita

Más que responder aisladamente a las demandas del mercado, el desafío es construir una visión compartida de desarrollo.

Por: Diario Concepción 26 de Agosto 2026
Fotografía: Cedida

Chile necesita técnicas y técnicos altamente preparados para sostener su desarrollo. Esto es clave para la competitividad de nuestra industria, la movilidad social y la reducción de brechas educativas, por lo que se requiere darle mayor relevancia. Conmemorar el día de la educación técnico profesional, no puede limitarse a valorar lo realizado; también exige preguntarse qué educación técnica se quiere para el futuro.

La automatización, la inteligencia artificial, la transición energética y la transformación de industrias estratégicas están modificando el empleo. Ya no basta con dominar una tarea específica. Se requieren personas con una sólida preparación disciplinar, capaces de pensar críticamente, adaptarse, aprender de manera permanente y aportar valor a procesos cada vez más complejos.

La educación técnica que se necesita debe anticiparse a esos cambios sin perder su conexión con la realidad. Debe ser pertinente para los territorios, flexible en sus trayectorias e inclusiva en sus oportunidades. También debe permitir avanzar desde una carrera técnica hacia una ingeniería o un postgrado, sin que el punto de partida determine hasta dónde es posible llegar.

Desde su origen, la Universidad Técnica Federico Santa María ha entendido esta formación como una vía concreta de movilidad social y desarrollo para el país. Ese compromiso implica responder a las necesidades presentes y entregar herramientas para enfrentar tecnologías y ocupaciones que aún están surgiendo. Supone, además, abrir más espacios para la participación de mujeres en áreas STEM y asegurar que el talento no quede condicionado por el género, el lugar de origen o la situación socioeconómica.

Sin embargo, esta tarea no pertenece exclusivamente a las instituciones educativas. La formación técnico profesional que Chile requiere solo será posible mediante un trabajo articulado entre liceos, educación superior, empresas, organismos públicos y comunidades. Esa coordinación debe traducirse en una mejor orientación vocacional, programas conectados con los cambios productivos, experiencias tempranas en contextos laborales y vías efectivas de continuidad de estudios.

Más que responder aisladamente a las demandas del mercado, el desafío es construir una visión compartida de desarrollo. La educación técnica que se sueña no solo forma con la finalidad de ocupar un puesto de trabajo: prepara personas capaces de transformar su entorno, crear soluciones y participar activamente en el futuro de sus comunidades. Convertir esa aspiración en realidad es una responsabilidad colectiva.

Cristian Lara Valenzuela
Director de la Sede Concepción USM

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