Lizeth Vanessa Ayala Castiblanco
PhD en Relaciones Internacionales, Corvinus University of Budapest, CEE UdeC
Hace casi tres décadas, el 29 de junio de 1999, los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) y Latinoamérica firmaron en Río de Janeiro la declaración de la primera cumbre birregional a través de la cual se concretaba la creación de una asociación estratégica entre ambas partes. Esta asociación, que surgió en un contexto de grandes expectativas, se constituyó en torno a tres pilares principales: el diálogo político, el comercio y la cooperación. Si bien han sido notables los avances realizados en estos ejes a lo largo del tiempo, la relación ha experimentado múltiples altibajos, incluyendo un periodo de ocho años sin cumbres birregionales (de 2015 a 2023), y puede decirse que aún queda mucho trabajo por hacer para satisfacer las expectativas que generó en sus inicios.
En un contexto como el actual, caracterizado por la prevalencia de las lógicas geopolíticas y las renovadas aspiraciones imperialistas por parte de las grandes potencias, el fortalecimiento de la relación euro-latinoamericana podría configurarse como una estrategia que permita ampliar los niveles de autonomía de ambas regiones. Como lo plantea el profesor Andrés Malamud, aquellos actores que no están “sentados en la mesa” donde se toman las grandes decisiones, están sujetos a los dictámenes emitidos en esas instancias. Así pues, tanto la UE como Latinoamérica necesitan crear espacios que les permitan salvaguardar márgenes de maniobra para evitar convertirse en territorios que sean simplemente un objeto de disputa por parte de los actores más poderosos.
Es, pues, este panorama el que presenta una nueva oportunidad a la relación euro-latinoamericana para sobreponerse a los obstáculos que han marcado su evolución y convertirse en un espacio seguro para ambas regiones. El fortalecimiento del comercio birregional puede ser un elemento clave en este sentido. Sin embargo, para que la asociación estratégica avance, se requiere un compromiso birregional profundo que vaya más allá de las diferencias ideológicas intra e interregionales y permita consolidar una cooperación efectiva en áreas puntuales. Este desafío no es fácil, se requiere de tiempo y voluntad política para lograrlo, pero no es poco lo que está en juego. En un mundo convulso caracterizado por altos niveles de incertidumbre, la relación euro-latinoamericana puede consolidarse como un activo estratégico para ambas regiones.