Dr. Roberto Urrutia
Director del proyecto sobre reutilización de aguas servidas tratadas con microalgas
La escasez hídrica es hoy uno de los mayores desafíos que enfrenta nuestro país, un tema que trasciende la contingencia climática para instalarse como una crisis estructural. En este complejo escenario nace este proyecto, buscando aportar con la comprensión de que, para problemas complejos y multifactoriales como este, no existe una solución única. En ese sentido, el reúso de aguas como herramienta de gestión de recursos hídricos no se trata solo de buscar más agua, sino de usar mejor la que ya tenemos, transformando un “desecho” —las aguas servidas tratadas (AST)— en un recurso valioso. Esto se logra mediante una solución basada en la naturaleza: los consorcios microalgales nativos.
Es importante mencionar que, si bien las microalgas son ampliamente utilizadas en distintas partes del mundo, estas zonas suelen presentar un clima relativamente constante o con variación mínima. Sin embargo, en nuestro país, y en particular en la región sur con un clima tan variable a lo largo del año, el uso de esta herramienta, tal como se aplica en otras zonas, no era factible. Es ahí donde surge la idea de utilizar los consorcios microalgales nativos que ya están adaptados a la variabilidad que nuestro clima implica.
El proyecto aborda la principal barrera para el reúso seguro del agua: la necesidad de alcanzar estándares de calidad adecuados. Aquí es donde radica la propuesta de valor. En lugar de depender de tecnologías costosas y energéticamente demandantes, se centra en el uso de consorcios microalgales nativos presentes en las lagunas del Gran Concepción.
Cualquier solución técnica en la gestión del agua es incompleta sin la aceptación y participación de la comunidad. Por lo tanto, parte importante de este proyecto está enfocado en la difusión y capacitación de la comunidad a través de seminarios y charlas sobre la importancia del reúso.
Hacia un Futuro Hídrico Sostenible
Este proyecto es un paso concreto hacia la seguridad hídrica de Chile, entendiendo la necesidad de buscar tecnologías de tratamiento que permitan explotar todo el potencial de esta herramienta. Al validar la eficiencia de los consorcios microalgales nativos, sienta las bases técnicas para escalar esta tecnología, permitiendo que las aguas servidas tratadas, que hoy en gran parte se descargan a nuestros cuerpos de agua, se conviertan en una fuente de agua no convencional confiable y sustentable.
Necesitamos impulsar y apoyar iniciativas como estas, que apuestan por la innovación biotecnológica con un enfoque territorial y social sostenible. Es hora de ver nuestras aguas residuales no como un problema, sino como una oportunidad de recurso y de nutrientes, gestionando el ciclo del agua de manera inteligente y resiliente ante las incertezas que genera el cambio climático.