Carolina Chang Rojas
Jefa regional INDH
En 2010, el Premio Nacional de Derechos Humanos fue instaurado por la ley que creó el Instituto Nacional de Derechos Humanos, este se entrega cada dos años a una persona con trayectoria destacada en la promoción y defensa de estos derechos, reconociendo a figuras como Viviana Díaz, María Soledad Cisternas, José Aldunate S.J., Fabiola Letelier, Roberto Garretón, Elizabeth Andrade y Claudio González.
A propósito de la convocatoria 2026, cabe preguntarse por la importancia de visibilizar a quienes han luchado por estos derechos en distintos momentos de nuestra historia.
A nivel internacional existen premios similares como el de Núremberg o el Rey de España, que, al igual que el reconocimiento nacional, destacan el compromiso y la valentía de quienes hoy conocemos como defensores y defensoras de derechos humanos.
En Chile, esta defensa nació unida a la denuncia de los crímenes de la dictadura mientras aún ocurrían. Tras el Golpe de Estado surgieron organizaciones que acudieron en ayuda de las víctimas, cuyos integrantes muchas veces arriesgaron su vida para salvar la de otros. Así, el movimiento de derechos humanos se construyó desde experiencias de resistencia y solidaridad frente a la violencia estatal, basadas en la convicción de la dignidad humana.
Con la recuperación de la democracia, el país enfrentó nuevos desafíos. La sociedad civil impulsó avances en diversos ámbitos, levantando figuras cuyas trayectorias fortalecen causas e inspiran a otros. Las biografías de quienes han recibido este premio muestran cómo decisiones personales adquieren un sentido colectivo al involucrarse en la defensa de derechos y en la incidencia sobre el Estado y la ciudadanía.
Los derechos humanos tienen una vigencia imprescindible. Esto implica no retroceder y avanzar en garantizar el acceso a la vivienda, al agua potable, gozar de un medioambiente libre de contaminación, disponer de educación de calidad, así como asegurar el derecho de niños y niñas a tener una familia, o el derecho de las personas mayores a vivir una vejez digna.
En esta octava convocatoria del premio, el desafío es claro: Chile necesita más promotores de derechos humanos, nuevas voces que impulsen el respeto, la dignidad y la cohesión social.