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Opinión

Rol de las universidades y desarrollo de la conciencia social

Por: Diario Concepción 10 de Octubre 2022
Fotografía: Angie Stuardo Figueroa

Angie Stuardo Figueroa
Jefa (I) Centro de Innovación y Desarrollo Docente Ucsc

La necesidad de desnaturalizar situaciones de injusticia es propia del ser humano. Sin embargo, nuestra sociedad actual parece muchas veces, de manera transversal, cerrar los ojos frente a ellas. La invitación es a cuestionar el rol de la educación frente a la formación profesional y a evaluar la importancia de acompañar el saber disciplinar con el desarrollo de valores que promuevan una actitud ciudadana más comprometida con la misión de construir una sociedad más amorosa, justa y equitativa.

Las universidades tienen un gran desafío ligado al impacto que generan sus egresados en las actuales sociedades, dado que los líderes sociales egresan de estas instituciones y se comportan de acuerdo a la formación que en ellas han recibido. Resulta importante preguntarse entonces, ¿qué tipo de personas son los profesionales que estamos formando? y ¿cómo incide la formación que estos profesionales reciben, en la manera en que se comportan en los contextos laborales?

Resulta fundamental repensar la formación universitaria en pos del desarrollo de la conciencia social y contar con metodologías que favorezcan este proceso, pues cuando nos miramos objetivamente como sociedad, surge espontáneamente la necesidad de un cambio profundo, en una realidad donde existen opresores y oprimidos (haciendo eco aquí la teoría de la educación liberadora de Freire), pero ¿estamos trabajando en pos del desarrollo de esta conciencia social en las universidades?

La mayoría de las universidades enuncia explícitamente su compromiso con el desarrollo “integral” de sus estudiantes, sin embargo, resulta difícil encontrar evidencias del impacto real de esto. La excelencia académica se mide prioritariamente por aspectos cognitivos enfocados en el saber disciplinar, quedando en segundo plano el desarrollo de conductas prosociales que quedan sujetas, en muchos casos, a la acción voluntaria de los estudiantes. Pero la formación en la disciplina no tiene por qué ser separada de la formación valórica, estos aspectos no son excluyentes, muy por el contrario, deben estar profundamente articulados, pues la forma en que un profesional ejerce su profesión, está directamente relacionada con la clase de persona que es.

En este contexto, el rol de las universidades debe entonces replantearse, orientándose a la formación de profesionales íntegros y comprometidos con su entorno, a través de la vinculación efectiva con los territorios, promoviendo la transformación social desde sus distintos pilares (docencia, extensión e investigación), sobre todo en países de América Latina que, en su mayoría, han sido golpeados por graves crisis sociales que requieren para su resolución, de ciudadanos preparados para la sana convivencia y la paz.

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